Alberto J. Sosa
Introducción
Ningún país de América Latina logró zafar de su condición de país periférico, con una economía básicamente primarizada o con una industrialización trunca, insuficiente para abastecerse de las divisas necesarias para asegurar un crecimiento sostenido con inclusión social. Sin embargo, hubo economías de otras latitudes como Japón, Corea del Sur y Taiwán, que pudieron abandonar su condición de exportadoras de productos primarios o de manufactura intensiva en mano de obra. Estas tres economías carecen de grandes reservas de petróleo, de gas y de mineral de hierro, lo que los ha llevado a depender de la importación de estos recursos. A pesar de ello, han desarrollado industrias competitivas basadas en la transformación de materias primas importadas, destacándose en sectores como la electrónica, la siderurgia y la manufactura avanzada. Estas economías asiáticas fueron protagonistas de las experiencias del “crecimiento por convite” de los Estados Unidos de América (EUA).
La dimensión geográfica de cualquiera de estas economías es más pequeña que la de países como Brasil, Argentina o México.[1] Mientras Estados Unidos los auxilió por razones de “seguridad nacional”, las elites de dichas economías asiáticas adscribieron sus políticas exteriores a las de la potencia rectora y acordaron exportarle productos manufacturados. La relación bilateral de cada una de estas economías compensaba de alguna manera los intereses de ambas elites: los relativos a la seguridad del país desarrollado y los relativos a la prosperidad del país que procuraba vencer su condición de subdesarrollo y pobreza. Cuando negociaron con los EUA, hubo un do ut des, es decir una relativa reciprocidad o mutualidad de intereses y no una simple subordinación, como aconteció con la mayoría de los países de la periferia del sistema mundial, al momento de relacionarse con el hegemón.
Tanto Japón, como Corea del Sur o Taiwán asumieron un estilo de crecimiento productivo exportador con el apoyo estatal a aquellos sectores que sus elites ponderaron estratégicos. Enfatizaron una alta inversión en educación, en tecnología y en desarrollo industrial y exhibieron un crecimiento acelerado con una cierta inclusión progresiva de la población. Por otra parte, los “países ballenas”[2] (China e India), por su peso geopolítico, económico y demográfico, pudieron adoptar, luego de arduos procesos de guerra civil internacional y/o de descolonización, un sendero de crecimiento e inserción externa aún más autónomo respecto de la superpotencia occidental.
En el caso de la Argentina agroexportadora, en virtud de su complementariedad con el Reino Unido, su economía experimentó fases de crecimiento destacado, incluso durante la Larga Depresión de 1873-1896, atrayendo a esperanzados inmigrantes entre 1880-1930.
Según Juan Carlos Puig, la política exterior de Argentina afiliada al Reino Unido, se complementaba con otras tendencias como la oposición a Estados Unidos dentro del sistema panamericano, el relativo aislamiento respecto de América Latina y la política de despreocupación y negligencia seguida por los sucesivos gobiernos argentinos en materia territorial.[3]
El ocaso hegemónico de Inglaterra de alguna forma ocasionó también el de Argentina, que debía encontrar un nuevo rol e inserción en la economía mundial. Su economía primario exportadora no era complementaria, sino competitiva con la de EUA. Aunque producía carne vacuna, trigo, maíz y petróleo y estaba dotada de recursos minerales metalíferos no lograba agregarles suficiente valor y generar las divisas necesarias para crecer de manera sostenida.
La industrialización por sustitución de importaciones (ISI), surgida en la crisis de la década de 1930, se caracterizó por la participación del Estado (empresas públicas, planificación, subsidios); por el despliegue del mercado interno como motor del crecimiento; por una mayor inclusión social y crecimiento del empleo urbano-industrial. La Argentina de la ISI perduró hasta mediados de los años 1970. A partir de ese momento comenzó un errático proceso con etapas de avances y retrocesos y también de empobrecimiento social.
Si bien la economía argentina durante la ISI no registró las tasas de crecimiento de Brasil (1930-1980), ni las de México, a posteriori de la 2ª Guerra Mundial, continuó creciendo e integrando socialmente a casi la mayoría de su población. En este sentido, fue un Estado benefactor imperfecto, aunque en términos comparativos fue uno de los más exitosos de América Latina.
En general, la política exterior de Argentina mantuvo, con excepciones, una orientación pro occidental a lo largo de su historia. En el siglo XIX y gran parte del XX, admitiendo el liderazgo de Inglaterra y luego de la 2ª Guerra Mundial, el liderazgo de los EUA. Aunque, en ambos casos, los liderazgos fueron aceptados de manera no incondicional ni automática.
Por su parte Brasil, por ejemplo, tenía una economía productora de bienes de la sobremesa, como el café y el azúcar, complementarios de la de Estados Unidos. A partir de la 2ª Guerra Mundial, la elite militar empresarial brasileña se comprometió en un “proceso de crecimiento por invitación”, que alcanzó su momento cenital cuando los Estados Unidos consideraron que “hacia donde se incline Brasil se inclinaría América Latina” (Kissinger). Sin embargo, este estilo de crecimiento ensayado por Brasil quedó incompleto o trunco a principios de 1980.
Pese a la lejanía geográfica, la potencia americana desde los albores del siglo XX no desatendió a la zona más austral del hemisferio americano. Nicholas Spykman (1893-1943)[4] consideraba que los países del Cono Sur (Argentina, Brasil y Chile, el ABC), eran los más distantes y por ende los menos influenciables por el poder de los EUA, por ello advertía sobre la necesidad de no descuidar una hipotética entente contra hegemónica que los agrupase para potenciar la defensa de sus propios intereses.
Hubo momentos históricos en los que los gobiernos de Argentina y de Brasil (también de Chile) ensayaron políticas de equilibrio militar y de poner límites al intervencionismo de ciertos países europeos y también de los EUA, en los primeros años del siglo XX.
Más adelante, el presidente Perón reformuló la política del ABC, pero el entonces presidente Vargas (1951-1954) rechazó el convite. Por su lado, el presidente Frondizi (1958-1962) tuvo acercamientos tanto con el presidente Kubitschek (1955-1960), como con el presidente Quadros (1961).
Correspondió al presidente Alfonsín formalizar los acuerdos de cooperación e integración con Brasil. En este tipo de experimento, los países en cuestión deciden emprender un rumbo propio, gestando un mercado ampliado binacional, sin afiliarse a la política exterior de la potencia hegemónica de turno y diversificando sus relaciones económicas y comerciales externas.
En el marco de estos antecedentes, el artículo se propone analizar someramente, en el período 1983-2023, los rasgos sobresalientes de los estilos de crecimiento e inserción externa de Argentina, así como las políticas de cooperación y coordinación con el Brasil, impulsadas por las sucesivas alianzas gubernamentales-empresariales que gestionaron el aparato estatal. Los mismos estuvieron condicionados por las características del sistema mundial vigente en cada etapa. También se incluye una rápida mirada sobre algunos de sus resultados negativos, como el aumento del endeudamiento externo y de otras formas de drenaje de divisas, así como de la pobreza e indigencia.
El estilo de crecimiento[5] se refiere al conjunto de características estructurales, institucionales y políticas que definen la forma en que una economía discurre a lo largo del tiempo. Es decir, no solo cuánto crece una economía, sino cómo lo hace: qué sectores impulsan el crecimiento, cómo se distribuyen los beneficios del mismo, qué papel juega el Estado, el capital extranjero, el comercio exterior, el mercado interno, entre otros factores.
El concepto de inserción externa de un país o economía nacional se refiere a la forma en que se vincula e integra al sistema económico y político internacional, es decir, al conjunto de relaciones económicas, comerciales, financieras, tecnológicas y también políticas que mantiene con el resto del mundo. La inserción de un país puede considerarse subordinada cuando exporta productos primarios o poco elaborados, cuando depende de la tecnología externa y cuando su economía es muy vulnerable a los shocks internacionales. Otro capítulo de la inserción externa es la política de cooperación, coordinación e integración con un país limítrofe.
Además, la inserción puede ser competitiva o estratégica, cuando está basada en la incorporación de sectores dinámicos de una economía nacional en el mercado mundial, como las industrias tecnológicas o los servicios de alto valor agregado. Es el caso de economías como la de Corea del Sur o la de Alemania o la China. Es decir que, de alguna manera, el estilo de crecimiento condiciona la inserción externa de un país, en cualquiera de sus variantes.
- Sistema Mundial (1983-2023)
A los fines analíticos, en el período histórico en estudio, consideramos cinco grandes fases del sistema mundial: 1) la crisis del “keynesianismo” y del “marxismo soviético” y también la de la deuda externa latinoamericana (1983-1989); 2) la neoliberal unipolar estadounidense (1990-2001); 3) la del ascenso de China (2001-2008); 4) la de la Gran Recesión Financiera (2008-2019); y 5) la de la declaración de la pandemia de Covid y los subsecuentes cambios mundiales (2020 en adelante).
Conclusión de la bipolaridad
El período 1984-1989 fue crucial en la evolución del sistema interestatal mundial y de la economía de mercado internacional[6], marcado por las transformaciones geopolíticas y económicas como el fin de la Guerra Fría (distensión y colapso soviético), la promoción del neoliberalismo y la liberalización financiera por parte de Thatcher y Reagan. América Latina, en este decenio, experimentó la denominada “crisis de la deuda”. Esta circunstancia motivó que este lapso fuese calificado como el de la “década perdida” para la región, pese a la recuperación de la democracia en Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Chile, Ecuador, Paraguay, etc.
Unipolarismo estadounidense
La 2ª fase deflagró cuando se produjo la Caída del Muro de Berlín (1989); los trágicos sucesos de la Plaza de Tiananmen (1989); la reunificación alemana (1990); la disolución de la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) (1991) y la del Pacto de Varsovia (1991), que metamorfosearon al mundo.
Asimismo, se produjeron transformaciones tecnológicas y financieras profundas y en diferentes ámbitos, cambios en la mayoría de las industrias de la comunicación y en algunas industrias productivas. Se incrementaron los procesos de relocalización económica y algunas empresas latinoamericanas comenzaron a cotizar sus acciones en la Bolsa de Nueva York.
La globalización unipolar (1990-2001) transcurrió, desde que los Estados Unidos se declararon vencedores de la guerra fría, hasta cuando se produjo el atentado a las Torres Gemelas y proclamaron la “guerra contra el terror”. A fines de ese período se produjo el ingreso de la República Popular China (11-12-2001) a la Organización Mundial de Comercio (OMC).
La década 1990, fue la del unipolarismo estadounidense [7] y la de la primacía del Consenso de Washington, de la OMC, del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Mundial (BM), de los Tratados Bilaterales de Inversión (TBI) y de los Tratados de Libre Comercio (TLC).
Cabe recordar que liberalización económico-comercial, promovida y regulada por la OMC, se concentró en los mercados de bienes manufacturados, donde radicaban las ventajas de EUA, de Europa y de Japón y fue más limitada y desigual en el mercado de los bienes agrarios y agroindustriales. En su marco, se adoptaron reglas para patentes y derechos autor, que los gobiernos de los países en vías de desarrollo debían cumplir. Asimismo, se incluyeron el comercio de servicios y de las telecomunicaciones.
En esta década también se registraron otras importantes mudanzas. Los fondos de inversión administrados por sociedades o agentes de bolsa, fueron ocupando un rol más destacado en la economía mundial, gestionando patrimonios constituidos por el aporte de personas físicas y jurídicas.
En el ámbito del mercado global, en 1990, las 10 corporaciones (Fortune) más importantes por su facturación, eran todas estadounidenses. Tres de ellas automotrices y otras tantas petroleras. La lista de las personas más ricas (Forbes) estaba encabezada por japoneses.
La revolución neoconservadora de Margaret Thatcher (1979-1990) y de Ronald Reagan (1981-1989), que también había arraigado en el Chile de Augusto Pinochet (1973-1990) y en la China de Deng Xiaoping (1978-1989),[8] produjo desempeños y resultados dispares en cada una de las experiencias señaladas. En estos países se aplicaron políticas inspiradas en Milton Friedman, considerado uno de los padres del neoliberalismo. Es decir, un conjunto de ideas que impulsaron los diferentes gobiernos nacionales priorizando políticas públicas que generaran confianza en los mercados externos y que atrajeran al comercio y a los capitales externos. En ese sentido, proponían instaurar con sus matices una política monetaria restrictiva, gobiernos más pequeños, impuestos bajos, mercados de trabajo flexibles, desregulación, privatización y apertura económica. En otras palabras, según Thomas Friedman, significaba fortalecer a “una camisa de fuerza dorada”, equivalente al patrón oro abandonado luego de la 1ª guerra mundial.
En los EUA, en el Reino Unido y en Chile, ciertas corporaciones privadas comandaron el proceso de liberalización económica, destinado a reemplazar a las políticas del Estado benefactor de “los 30 años dorados del capitalismo” (1945-1975). En Chile, las políticas liberalizadoras impulsadas por el Estado dictatorial militar, contribuyeron a gestar una elite económica concentrada que se apropió de los principales instrumentos de generación de riqueza del país.
A su vez, en la República Popular China, el Partido Comunista, invocando la representación del interés general de su población y de determinadas instituciones de la Nación, descentralizó, desreguló y liberalizó la actividad económica del país. Pero simultáneamente controló al sector bancario, el crédito y los movimientos de capitales, especialmente los de corto plazo.[9]
Entre las dos crisis: la de 2001 y la de 2008
Tras la recesión global de 2001 (debida al estallido de la burbuja tecnológica y a los efectos de los atentados del 11 de septiembre de 2001), el mundo vivió un período de crecimiento sostenido, impulsado por la expansión del comercio internacional, con una China consolidándose como una potencia manufacturera y exportadora.
A su vez, tanto los Estados Unidos como Europa instituyeron tasas de interés bajas que incentivaron el crédito y el consumo.
El crecimiento de China e India elevó la demanda de petróleo, de gas, de metales y de alimentos, lo que llevó los precios de las materias primas a niveles récord. La creciente demanda de materias primas, benefició a países exportadores como Brasil (soja y derivados), Argentina (soja y derivados) y la Federación Rusa (energía).
EUA y sus aliados invadieron a Irak bajo la premisa de que el régimen de Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva, lo cual nunca se comprobó. La guerra generó inestabilidad en el Medio Oriente y afectó a los mercados petroleros.
Mientras tanto continuaba la expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hacia el Este. Por su parte, en 2004, la Unión Europea (UE) incorporó a diez nuevos países, incluidos Polonia, Hungría y República Checa. En 2007, se sumaron Rumania y Bulgaria, ampliando el bloque a 27 miembros.
China consolidó su posición como la segunda mayor economía del mundo, gracias a su crecimiento basado en las exportaciones e inversiones en infraestructura. La Federación Rusa, bajo el liderazgo de Vladimir Putin, reforzó su influencia energética y geopolítica, con énfasis en la seguridad nacional y en el control estatal de sectores estratégicos.
En los EUA, la expansión del crédito hipotecario subprime (préstamos de alto riesgo) y la especulación en el mercado inmobiliario provocaron una burbuja que estalló en 2007.
Los bancos y las aseguradoras expuestos a los activos tóxicos colapsaron, fertilizando la quiebra de Lehman Brothers, en septiembre de 2008. Esto desencadenó la Crisis Financiera Global, con efectos en el empleo, en el crédito y en el comercio mundial.
En estos tiempos, China incursionaba en América Latina comercialmente y financiando obras de infraestructura. No exigía condicionalidades como los Estados Unidos o el FMI.
La gran crisis financiera del 2008
La 4ª fase se inició con la crisis de 2008 y perduró hasta la pandemia. En ella coexistían alianzas gubernamentales-empresariales articuladas y cada una de ellas procuraba acelerar su propio proceso de acumulación de capital y de expansión territorial (EUA y China).
Tanto China como la India se perfilaban como la 2ª y la 4ª economías mundiales, por la magnitud de sus respectivos PBIs. Ambos países participaron en la creación del Banco del BRICS (2013) y del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (2014), como alternativa al FMI y al BM, en el que desempeñan roles protagónicos los Estados Unidos, Europa y Japón. A su vez el agrupamiento BRICS [10] compite con el Grupo de los 7 (G7).[11]
A partir de la gran crisis financiera, que se produjo durante la administración Bush (h), su sucesor en la Casa Blanca, Barak Obama (2009-2017) organizó un salvataje del sistema financiero estadounidense, por un monto exuberante sobre el cual aún no hay consenso.[12] Paradójicamente Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal (2006-2014) y partícipe necesario del desencadenamiento de la crisis, fue galardonado con el Premio Nobel de Economía (2022).
A la crisis del 2008, las autoridades de Estados Unidos, de Europa, de Japón y de otros países respondieron imprimiendo dinero para entregarlo a grupos financieros, con la esperanza de motorizar inversiones empresariales, generando así empleo estable y evitando el colapso de sus respectivas economías. No fue así. Los sectores financieros, que temían que las empresas corrientes no pudieran pagar sus deudas, solo prestaron el dinero de sus Bancos Centrales a las grandes empresas y estas o bien se negaron a invertir el dinero, o bien invirtieron en capital en la nube. Conglomerados como General Electric y Volkswagen, se negaron a invertir el dinero suministrado por los Bancos Centrales a tasas de interés cero, porque advirtieron que las masas de trabajadores estaban condenados a los salarios bajos y a perspectivas precarias. ¿se preguntaron por qué hay invertir productivamente el dinero? Lo utilizaron para recomprar las acciones de sus propias empresas aumentando el precio de éstas y de sus bonus (Varoufakis 2024: 101).
En otro orden de cosas, Nick Srnicek (asociado a la denominada teoría política del “aceleracionismo”) considera que la crisis financiera mundial de 2008 fue un punto de inflexión, hacia las “plataformas austeras” (Uber, Airbnb), es decir que, en ese momento, se produjo una agudización de la precarización laboral y del estancamiento de los salarios. En la década de 2010, surgen empresas que ofrecen servicios físicos, como viajes en automóviles o entregas de productos y que tienen pocos activos, debido a que hay bastante desempleo en muchos países, con un ejército de reserva de mano de obra (Fontevecchia 2023).
También cabe destacar, en el escenario mundial, la creciente presencia de los fondos de inversión. Cada uno de los más conspicuos invierte en los demás, en entidades financieras y en las tecnológicas, en las fábricas de armamentos y en grupos mediáticos, así como en títulos de deuda emitidos por las agencias estatales de diversos países del mundo.[13]
Respecto de América del Sur, el gobierno chino aplicó un pragmatismo confuciano. Negoció con los Kirchner y con Macri; con Lula (2003-2010) y con Dilma (2011-2016); y con Temer (2016-2018) y Bolsonaro (2019-2023). También propuso la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda (2013). Es un importante socio comercial de Argentina, de Brasil, así como de Perú y de Chile, entre otros.
A fines de la primera década del presente siglo, se exacerba la rivalidad de Estados Unidos con China y también con la Federación Rusa, pero la potencia occidental, luego de varios años de descuido, logra recuperar terreno en América Latina, donde el Brasil de Temer-Bolsonaro se alineó con Washington, debilitó sus vínculos con China, suspendió su participación en la UNASUR y desvalorizó su relación con Argentina y el MERCOSUR. Según Pinheiro Guimarães (vice canciller gobierno Lula), América Latina es un área geográfica prioritaria para Estados Unidos, ahora amenazada por la incursión económico-comercial china.
En este contexto, estaríamos asistiendo, siguiendo la conceptualización de Arrighi (1999:19), a una etapa de transición y de desorden sistémico, como preludio a la emergencia de uno o más hegemones, resultado del ciclo de sucesión de Estados: el genovés, el holandés, el inglés y el estadounidense.
El gobierno de Estados Unidos retiró gradualmente a sus tropas de Irak desde 2011 (las últimas unidades se retiraron en diciembre de 2021) y de Afganistán en el 2021, en ambos casos afectando negativamente su rol de potencia hegemónica mundial. Por otra parte, se distanció paulatinamente de Arabia Saudita y de China, su actual contrincante, a quien décadas atrás había contribuido a fortalecer mediante el “desarrollo por convite”, del que también se beneficiaron otros países (Japón, Corea del Sur, Taiwán e Israel).
EUA presta más atención a su “patio trasero”, luego de su fracaso político-militar en Irak y en Afganistán. La potencia hegemónica americana percibe que China continúa y a veces profundiza su penetración en Suramérica, pretendiendo relegarla a un rol secundario, como ellos hicieron con Inglaterra a fines del siglo XIX y durante la primera mitad del siglo XX.
La pandemia y la invasión de Rusia a Ucrania
Líderes como Donald Trump (2017-2021) y Boris Johnson (2019-2022), representantes de fuerzas políticas conservadoras proteccionistas, refractarias a la globalización y a ciertas instituciones internacionales, construidas bajo la hegemonía angloamericana, impulsaron políticas defensoras de sus respectivas economías y fuentes de trabajo.
La pandemia de 2020-2021, entre otras cosas, disminuyó las transacciones comerciales mundiales e interrumpió las cadenas de suministro forjadas por (y durante) la globalización. Ello contribuyó a afianzar las preferencias por el nearshoring, en lugar del offshoring, hasta entonces prevaleciente.
Más recientemente, la guerra en Ucrania, coligó y expandió la membresía de la OTAN, mientras que la Rusia de Putin estrechó sus vínculos comerciales con China, con la India y con otros países de la Association of Southeast Asian Nations (ASEAN).
Abandonando una estrategia geopolítica tradicional promovida por Pedro el Grande (fines siglo XVII y principios del XVIII) y continuada por gobiernos de ideología antagónica, como la zarina Catalina la Grande y por bolcheviques como Lenin y Trotsky, de asociar a Rusia o a la ex URSS a Occidente, el presidente Putin pretendería dar un giro copernicano, estrechando los lazos con Asia y con el mundo islámico de Oriente y no con Europa Occidental.
El devenir de la guerra entre Ucrania y Rusia está en negociación. Rusia logró ocupar casi una quinta parte del territorio de su rival, pero no pudo subordinar al régimen de Kiev. Pese a los pronósticos occidentales, la economía y las finanzas rusas no colapsaron.
Los BRICS han incrementado su participación en la economía global. A finales de 2023, su contribución al Producto Interno Bruto (PIB) mundial en términos de paridad de poder adquisitivo (PPA) alcanzó un 35,7%, mientras que la participación de las economías del G 7 disminuyó al 29%, según cálculos basados en datos del Banco Mundial.[14] Asimismo, según los datos del BM, en 2023, el PIB de China (excluyendo a Hong Kong y a Macao), medido en términos de PPA, fue de aproximadamente 30,3 billones de dólares internacionales. Por otro lado, el PIB de Estados Unidos, en 2023, según el mismo cálculo o medición, alcanzó aproximadamente los 27,7 billones de dólares internacionales.
China, a su vez, en tiempos recientes, fortaleció sus relaciones con los países del Consejo de Cooperación del Golfo (Reino de Arabia Saudita; Reino de Bahréin; Estado de Kuwait; Sultanato de Omán; Emiratos Árabes Unidos; y Estado de Qatar) y logró restablecer las relaciones bilaterales entre Arabia Saudita-Irán. Asimismo, el comercio exterior del gigante asiático es el más importante del mundo e intenta desvincularlo del uso del dólar.
Por otra parte, y siguiendo esta tendencia, el Banco Popular de China, los Bancos Centrales de India, Brasil y de otros países aceleraron la compra de oro, en detrimento de los bonos del Tesoro de la Unión Americana, para evitar eventuales sanciones como las aplicadas por la potencia hegemónica contra Rusia, cuando desconectó a los bancos de este país del SWIFT[15] y bloqueó las reservas internacionales del Banco Central de Rusia, depositadas en bancos de la UE, de los EUA y en el Departamento del Tesoro de EUA. También se congelaron activos de empresarios, de funcionarios y de los “oligarcas” rusos.
En paralelo y también en parte como resultado del devenir mundial, el dólar acentuó su proceso de desvalorización iniciado cuando el presidente Nixon decretara su inconvertibilidad en 1971.[16]
En lo que se refiere al espacio suramericano, China ofrece a los países que adhieran al esfuerzo de la Franja y la Ruta de la Seda contratos cuyos precios están en yuanes y no en dólares, así como también su quinta generación de tecnologías de telefonía móvil (5G) y la inteligencia artificial de Deep Seek que es totalmente gratuita y consume menos energía que su equivalente ChatGPT.
En este contexto, el presidente saliente de México Andrés M. López Obrador (2018-2024), considera que el creciente conflicto entre las dos superpotencias económicas en América Latina, perjudicará aún más a los países de la región, que serán sus víctimas y no sus beneficiarias. Por ello, López Obrador propone al gobierno y a la elite de los Estados Unidos que acuerden cooperar con América Latina, organizando conjuntamente con ella un plan de crecimiento inclusivo. Así conservará influencia en su hinterland y evitará que China controle a la región.
Estados Unidos sigue sin ofrecer cooperación económica a América Latina. Una excepción a esta la regla fue, en su momento, la formulación de la “Alianza para el Progreso” (Lanús 1984: 202).[17] Se comporta como el perro del hortelano no invierte o invierte poco, pero rechaza las inversiones chinas en los países como Argentina, Brasil, etc.
- Estilos de crecimiento, inserción externa y cooperación e integración de los sucesivos gobiernos
Gobierno Alfonsín (1983-1989)
Estilo de crecimiento
El gobierno adoptó un estilo de crecimiento que intentó combinar el impulso del mercado interno, con el control de la inflación y el aumento de las exportaciones manufactureras. Procuró recuperar el poder adquisitivo de los trabajadores y promover el consumo interno. Con este propósito se firmó un pacto social con sindicatos y empresarios: el “Acuerdo Económico y Social” de 1984, promovido por el Consejo para la Consolidación de la Democracia. No se abandonó la lógica de mercado, pero se recuperaron instrumentos de política económica activa (precios, salarios, tipo de cambio).
El Estado tuvo un rol moderado en la planificación y se mantuvieron las empresas públicas clave.
Ante el fracaso de las medidas implementadas por el ministro Bernardo Grinspun, su sucesor, Juan V. Sourrouille, formuló el Plan Austral (1985), aplicando una estrategia heterodoxa de estabilización para frenar la inflación, con el congelamiento de los precios, de los salarios, de las tarifas y la creación de una moneda (el austral). Inicialmente fue exitoso, pero luego se debilitó por su inconsistencia fiscal y por el retorno de la inflación.
El gobierno Alfonsín estuvo sostenido por una alianza social y política poco sólida y organizada (Torre 2021: 178), conformada por la Pequeña y Mediana Empresa (PyME); por sectores medios urbanos y rurales; por profesionales e intelectuales progresistas; por sectores sindicales no peronistas y autónomos (como algunas seccionales docentes y estatales); por grupos de defensores de los derechos humanos; etc.
Su gestión gubernamental transcurrió durante la fase final de la bipolaridad a escala internacional y de la ISI a escala nacional y con un contexto internacional adverso, caracterizado por el deterioro de los términos del intercambio de las exportaciones agrícolas, por el desmedido aumento de las tasas de interés decretado por el presidente de la Reserva Federal Paul Volcker (1979-1987), que multiplicó el endeudamiento de Argentina y de Brasil, y por el proteccionismo de los países centrales (Aspiazu-Schorr 2010: 79-80).
Grupos predominantes de la ISI, militares y dirigentes sindicales, fueron hostiles (por razones y con grados de oposición diferentes) al gobierno radical. Como señaló Pablo Gerchunoff, el gobierno democrático careció de poder coercitivo. Las Fuerzas Armadas (FF. AA.) y las diversas fuerzas represivas (Prefectura, Gendarmería y Policía Federal) estaban en contra de la política de derechos humanos implementada por el gobierno Alfonsín, que enjuició a las sucesivas Juntas Militares del “Proceso de Reorganización Nacional” (1976-1983). Por otro lado, la Confederación General del Trabajo (CGT), se opuso a las políticas salariales, que perjudicaban a los sectores de ingresos fijos, ante la vigencia de un tipo de cambio alto que promovió las exportaciones y que ocasionó un costo de vida en alza continua. El gobierno radical, además, se enemistó con el sector agrario por la aplicación de retenciones a sus exportaciones y también con los grandes grupos económicos y el capital financiero que apoyaban una política económica más ortodoxa.
A partir de 1985, el gobierno procuró el respaldo de los denominados “capitanes de la industria”,[18] cuyo núcleo central era la burguesía diversificada (Acindar, Astra, Bunge y Born, Loma Negra, Pérez Companc), a la que se relacionaron grupos y conglomerados de reciente conformación (Bridas, Macri y Techint) y otros grupos locales de menor tamaño como Massuh, BGH y Cartellone (Basualdo 2013: 231-232). Este “idilio” gubernamental-empresarial culminaría en 1987, cuando arreciaba la oposición política y social al Plan Austral (Basualdo 2013: 235).
Durante la gestión radical las zonas más beneficiadas por las inversiones y las exportaciones fueron la Pampa Húmeda (Centro y Norte de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos), especialmente la producción agropecuaria. La recuperación de las exportaciones, tras la crisis de la dictadura, se centró en los granos, en las carnes y los productos agrícolas. En la región del Noroeste argentino (NOA: Salta, Tucumán, Jujuy), la producción de azúcar y de tabaco fueron clave, junto con un incipiente crecimiento de la minería.
En esta etapa se inauguró el Complejo Petroquímico Bahía Blanca (Buenos Aires), en el que estuvieron involucradas empresas como Petroquímica Bahía Blanca S.A., YPF, Gas del Estado, así como el capital privado nacional y extranjero.
Se aspiraba extender el eje geoeconómico más allá de la Pampa Húmeda, a las que se agregaron la cuyana Mendoza y algunas provincias patagónicas. En este sentido, el gobierno proyectó un lanzamiento de la explotación de los hidrocarburos, mediante el Plan Houston (1985), que incrementó la producción de crudo (Gerchunoff 2022: 301), entre 1985 y 1989, especialmente en las cuencas del Golfo San Jorge (Chubut y Santa Cruz) y Neuquina (Neuquén, Río Negro), pero no logró el autoabastecimiento. Además, la alianza económica productiva y comercial con Brasil destacaba la valía de la Mesopotamia (Corrientes, Entre Ríos y Misiones), prevista en el Protocolo Nº 24 Regional Fronterizo del Acuerdo binacional.
Inserción externa
Las relaciones bilaterales con los EUA fueron frías, durante gran parte del período, con escasa cooperación económica directa. A pesar de ello, Argentina mantuvo relaciones diplomáticas y comerciales fluidas (Simonoff 2013).[19]
La entonces URSS se convirtió en un importante socio comercial en el contexto de la crisis de divisas de Argentina. Sin embargo, no hubo un acercamiento ideológico ni estratégico.[20]
Se ampliaron los vínculos comerciales, especialmente con España, Italia y Francia. La entonces Comunidad Económica Europea (CEE) fue receptiva a los esfuerzos democráticos de Argentina y hubo cooperación técnica y asistencia para facilitar su crecimiento.[21] Además, el gobierno Alfonsín promovió una apertura hacia nuevos socios comerciales, incluyendo a China, en el marco de la diversificación del comercio exterior (San Martín 2019).
El gobierno radical, respaldó la Resolución 41/11 (27-10-1986), impulsada por el Itamaraty y copatrocinada por todos los países de América del Sur, con costa atlántica y por varios Estados africanos, con costas en el Atlántico Sur, en particular con los miembros de la entonces Organización para la Unidad Africana (OUA). La misma declaraba al Atlántico Sur como zona de paz y cooperación, con el propósito de prevenir la intromisión de la OTAN. Además, contribuyó a la formación del Grupo de Apoyo a Contadora, que colaboraba en la búsqueda de una salida negociada a los conflictos armados en Centroamérica (Nicaragua, El Salvador y Guatemala), en un contexto marcado por la intervención de EUA y por las tensiones del conflicto bipolar (URSS-EUA).
El peso de la deuda externa heredada (más de USD 45.000 millones) fue un obstáculo para un crecimiento sostenido. El gobierno intentó negociar con el FMI y con el Club de París, sin lograr condiciones favorables duraderas.
Las relaciones con el FMI fueron tensas: hubo incumplimientos de las metas fiscales y monetarias. En 1987-1988, el gobierno radical enfrentó una crisis de pagos y de pérdida de reservas, lo que llevó a un colapso económico y a la imposibilidad de seguir negociando. Finalmente, el contexto de hiperinflación (1989) marcó el fracaso de los acuerdos del gobierno radical con el FMI (Brenta 2022: 112-119).
Alfonsín impulsó una posición latinoamericanista en foros internacionales, reclamando un trato justo para los países deudores castigados por las subas de las tasas de interés decretadas por la Reserva Federal de los Estados Unidos. Los mercados financieros cerraron sus puertas a las necesidades de los países deudores y la propuesta del “Plan Brady”, en ese entonces, estaba nonata.
El gobierno Alfonsín registró un superávit en la balanza comercial durante todos y cada uno de sus seis años de gestión. En ese entonces, los principales países compradores de las exportaciones argentinas eran: Brasil; EUA; Países Bajos; la ex Alemania Federal, Italia; la ex URSS, etc. China figuraba en el 10º lugar como destino de las exportaciones argentinas. El perfil exportador era fuertemente primario, basado en granos, carnes y subproductos.
Cooperación e integración con Brasil
La Argentina del presidente Alfonsín impulsó, a partir de 1985-1986, la alianza política, económica y diplomática con el Brasil de José Sarney (1985-1990).
Cuando se inició la alianza bilateral (1985), el nivel de intercambio mercantil era bajo, si se lo comparaba, con el de Estados Unidos-Canadá.
Mientras que en el proceso Argentina-Brasil se intentó generar un actor distinto y más robusto, que cada una de sus partes integrantes, en la Zona de Libre Comercio (ZLC) Canadá- EUA se homologó una situación ya existente.[22]
Por su parte, como asevera José Tavares de Araújo Jr.[23], en el Acuerdo Argentina-Brasil, fueron los Estados quienes, con sus debilidades y restricciones, procuraron conducir el proceso de integración, arrastrando, en cierta medida, al sector privado. Pese a aquella afirmación no debería omitirse el rol de sectores empresariales como el automotriz y el alimentario, acompañando, sosteniendo y usufructuando el Acuerdo Alfonsín-Sarney.
El proyecto de construcción de una “zona de prosperidad compartida” y de un bloque contra hegemónico argentino-brasileño configuró una metamorfosis, en la historia del Cono Sur de las Américas.
A partir de este acontecimiento, las relaciones intra sudamericanas se modificaron y los tradicionales ejes geopolíticos se desvanecieron. Las alianzas Brasil-Chile y Argentina-Perú quedaron en el pasado. La dupla argentino-brasileña aspiraba a convertirse en un polo de atracción de otros países sudamericanos. La rivalidad y la competencia eran reemplazadas por la cooperación comercial y por una alianza política en ciertos aspectos y problemas internacionales.
El Acta de Integración (29-07-1986) y los Protocolos bilaterales patrocinaron una integración intra sectorial simétrica (evitando la especialización ricardiana de las respectivas economías), el equilibrio cuantitativo y cualitativo de los intercambios, la modernización tecno industrial y una localización más eficiente de los recursos en las economías de los dos países. Además, preveía la construcción de un proyecto hidroeléctrico compartido, como el de Garabí, en el Alto Uruguay.
El Acuerdo Alfonsín-Sarney implicaba un programa de crecimiento conjunto que incluía aspectos de desarrollo tecnológico y de cooperación (y a veces de integración) económica.
El desarrollo y la integración de los bienes de capital, talón de Aquiles de los países subdesarrollados, fueron privilegiados por el Acuerdo binacional. El protocolo pertinente previó una relación bilateral intra industrial simétrica, en la que ambos países debían producir e intercambiar determinados bienes de capital o ciertas partes o piezas con equivalente grado de complejidad.[24]
El Protocolo de Bienes de Capital (Nº1) del Acuerdo argentino-brasileño, disfrutaba de una tarifa externa común y estaba asociado a un Protocolo del Fondo de Inversiones (Nº7) que contribuía a financiarlos. A su vez, el Centro Argentino-Brasileño de Biotecnología (CABBIO) podía articular las actividades de la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuaria (EMBRAPA) y las del Instituto de Tecnología Agropecuaria (INTA) de la República Argentina. También se instituyó un programa de Cooperación Informática (hardware & software), en el cual entidades públicas y privadas de ambos países podían operar cooperativamente.
Ese tipo de relación era diferente del que caracteriza actualmente a la vinculación mercantil ricardiana de Argentina con la República Popular China, en la que la primera produce y exporta commodities y bienes de exiguo valor agregado e importa bienes manufacturados de la potencia asiática, inclusive bienes de capital que a veces sustituyen a los procedentes de Brasil.
La propuesta argentina-brasileña, también se diferenciaba del proyecto “Cepalino”, de la década de 1960, en el que la cooperación proyectada era de carácter inter industrial. Entonces Argentina se focalizaba en la producción de bienes de la industria liviana y Brasil se especializaba en la producción de bienes de la denominada industria pesada. Esta iniciativa fue rechazada por las FF. AA argentinas, porque consideraron que reforzaba el liderazgo de Brasil y de sus FF. AA. en América Latina.
Finalmente, el Acuerdo bilateral (1985-1986), contenía la posibilidad de implementar un cluster agroindustrial binacional de maquinaria agrícola que potenciase una actividad compartida como el del complejo de soja y sus derivados.
La Declaración Conjunta sobre Política Nuclear de Puerto Iguazú-Foz de Iguazú (29-30 noviembre de 1985), dio comienzo a un ciclo de cooperación caracterizado por las visitas presidenciales y las de sus equipos técnicos a las plantas nucleares del otro país. Se estableció una relación estrecha entre la Comisión de Energía Atómica (CONEA) de Argentina y la Comisión Nacional de Energía Nuclear (CNEN) de Brasil. La política de transparencia en este terreno, pavimentó el camino para ulterior la firma del Acuerdo Brasil-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC), en su momento, la única organización binacional de salvaguardias existente en el mundo (Acuerdo de Guadalajara, Menem-Collor de Mello, 18-07-1991).
A pesar de estos esfuerzos que implicaban el designio de cooperación para el crecimiento conjunto, tanto en Argentina como en Brasil, los equipos económicos que implementaron el Plan Austral (junio 1985) y el Plan Cruzado (febrero 1986), operaron en compartimentos estancos, disociando sus respectivas políticas económicas de sus políticas de cooperación productiva y tecnológica binacional.
Los gobiernos Menem-de la Rúa (1990-2001)
Estilo de crecimiento (Reforma Neoliberal)
En Argentina y en Brasil, el período neoliberal coincidió cronológicamente con la desarticulación del bloque social de la ISI, formado por la “burguesía de Estado” [25] (FF.AA. y la burocracia de las empresas paraestatales), por los sindicatos y los empresarios privados, vinculados preferentemente al mercado interno. Estos empresarios se esfuerzan por conseguir, cada vez con menos poder e influencia, que sus respectivos gobiernos sustenten una protección tarifaria que les permita subsistir y reproducirse en un mercado mundial crecientemente competitivo. En el nuevo contexto, las elites respectivas se manifiestan incapaces de formular e implementar un estilo de crecimiento sustentable, aunado con reivindicaciones sociales inclusivas.
La alianza gubernamental civil, militar y sindical argentina, fue desplazada por una alianza financiero-rentística que arraigaba en los bancos, en las empresas prestadoras de servicios públicos privatizados, en el sector agroexportador, en la energía y en los minerales y también en los sindicatos de la CGT oficialista.
El gobierno Menem, respaldado por las elites de la Tríada internacional (EUA, Europa y Japón), por los “dueños de la Argentina” y por el voto de la ciudadanía, dictó dos leyes fundamentales: la de la Reforma del Estado y la de la Convertibilidad. La primera, promovió la privatización de las empresas del Estado. Entre 1990-1995 se privatizaron las empresas de servicios públicos (telecomunicaciones, agua, luz, electricidad, aerolínea comercial de bandera, etc.). Entre 1995-2000 se transfirieron al sector privado empresas petroquímicas, de petróleo, gas, siderurgia, etc.
Grupos locales y operadores extranjeros (España, Francia e Italia y CitiBank) adquirieron las empresas públicas que se privatizaron.
El gobierno Carlos Menem adoptó un nuevo estilo de crecimiento de tipo neoliberal, diferente al de los gobiernos anteriores. Este estilo se caracterizó por la apertura económica, la liberalización financiera, la privatización de empresas públicas y la desregulación del mercado, en el marco de una inserción externa pasiva y subordinada al capital transnacional y al mercado mundial.
Los grupos beneficiados fueron el sector financiero (Ciudad de Buenos Aires); las empresas de servicios públicos privatizadas, con inversiones localizadas en las áreas más densamente pobladas (Metropolitana de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe); el complejo sojero y el cerealero de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y en menor medida de Entre Ríos y La Pampa.
El gobierno Menem dictó la ley 24.196 (Bol. Oficial 24-05-1993), que garantizó a las inversiones mineras que no se les aumentarían las cargas fiscales (impuestos nacionales, provinciales y municipales); que se les concederían beneficios cambiarios (libre disponibilidad de divisas y la no obligación de liquidarlas en el mercado cambiario oficial); y arancelarios (exención de derechos a la importación de bienes de capital), etc. Entre 1993 y 1999, la inversión minera extranjera pasó de menos de US$ 100 millones a más de US$ 1.000 millones anuales, con la presencia de capitales canadienses, australianos, chilenos y estadounidenses. Se multiplicaron los proyectos de exploración y explotación, sobre todo en las provincias de Jujuy; Salta; Catamarca; La Rioja; San Juan; Mendoza; y Santa Cruz.
La convertibilidad ancló la moneda nacional al dólar estadounidense: un peso argentino equivalía a un dólar. La masa monetaria circulante en el país estaba respaldada por una igual cantidad de reservas de oro, de divisas y de títulos de gobiernos extranjeros.
La convertibilidad y la apertura del mercado de bienes y servicios generaron inversiones extranjeras directas (IED), que favorecieron a la industria de bienes de consumo. La privatización de empresas y el impulso al MERCOSUR beneficiaron a las economías regionales, como las del norte y del oeste argentino. A su vez, el sector automotriz fue beneficiado con desgravaciones impositivas y logró cierto dinamismo, particularmente luego de la firma del Acuerdo Automotriz con Brasil (1994). Las principales plantas automotrices se encontraban en la provincia de Córdoba; en la zona norte del conurbano bonaerense; y en la provincia de Santa Fe.
La economía argentina registró una tasa de crecimiento relevante, entre 1991-1994, hasta que se desató la crisis mexicana (Tequila). Asimismo, el gobierno Menem-Cavallo creó un régimen de pensiones privado que, si bien era optativo para los asalariados formales, en pocos años logró afiliar a la mayoría de ellos. Así transfirió a grupos financieros privados las contribuciones patronales y los aportes de los trabajadores del sector público y privado registrados. Además, los aportes de dinero provenientes de la privatización de las empresas estatales y paraestatales ya comenzaban a disminuir. El déficit fiscal generado por esta falta de ingresos, es decir los aportes y las contribuciones previsionales, fue suplido con más endeudamiento externo.
Luego de la “crisis del Tequila” (diciembre de 1994), continuaron años de retroceso para la economía argentina en 1995 y en el lapso 1999-2002 (Ferreres 2010: 113).
Una nueva elite había surgido en la década de 1990, era la cúpula empresarial en gran parte beneficiaria del proceso de privatización de las empresas públicas. Sus representantes más notables eran Gregorio Pérez Companc (agro alimentos); Fulvio Pagani (agro alimentos); Paolo Rocca (siderurgia e ingeniería); Manuel Madanes (aluminio); Alejandro Bulgheroni (hidrocarburos), etc.
El agravamiento de la crisis fue ignorado por la elite local y por el FMI, cuyo Director Gerente Michel Camdessus homenajeó públicamente a Carlos Menem, con motivo de la reunión de su Asamblea General (1997).
Al gobierno Menem (1989-1999), le sucedió el gobierno de La Rúa (1999-2001). Éste último estaba conformado por una coalición electoral opositora de base frágil y heterogénea que consideraba que, si no había corrupción en Argentina, el país mejoraría su desempeño económico. La fórmula redentora era “neoliberalismo sin corrupción”. También dispuso inicialmente del apoyo financiero de los organismos internacionales y de grupos económicos globales.
La camisa de fuerza monetaria comenzó a crujir. El Banco Central de la República Argentina (BCRA) no emitía dólares como la Reserva Federal, el tipo de cambio era bajo y desestimulaba la competitividad de los productos exportables. Además, los productos importados y el turismo en el exterior eran incentivados por una moneda nacional apreciada. La única forma de garantizar la continuidad del modelo de la convertibilidad era con más endeudamiento.
El “modelo” estalló con una crisis social y política sin precedentes. Durante la crisis del 2001-2002, se sucedieron cinco presidentes en poco más de una semana.
Lo que sí logró la convertibilidad fue controlar, por unos años, la inflación en un país que padeció la misma, y a veces dramáticamente, desde principios de la década de 1940.
Como se señaló, en los primeros años de la década de 1990 hubo crecimiento del PIB y luego un descenso del mismo.
La inserción externa
La política exterior argentina en esos años se caracterizó por su alineamiento prácticamente automático con la política de los EUA. Participó simbólicamente en la invasión a Irak; ratificó el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y también el de Tlatelolco. El gobierno argentino abandonó, el proyecto del misil balístico Cóndor y aprobó el tratado de la OMC. Modificó el sentido del voto en la Asamblea General de las Naciones Unidas, coincidiendo con el de Estados Unidos.
Se trataba del ejercicio de la teoría del “realismo periférico” de Carlos Escudé, quién opinaba que Argentina era un país periférico, dependiente, endeudado, empobrecido y poco relevante en términos internacionales. Dadas estas características era desaconsejable que Argentina confrontase con los Estados Unidos, o con las principales Estados de Europa, porque los costos de estas acciones podían ser muy funestos. Por ello, Argentina debía alinearse con las políticas de Estados Unidos en el sistema mundial y evitar confrontaciones inútiles. Solo debía lidiar con los EUA y con otras potencias en temas cruciales para Argentina, como aquellos asociados al crecimiento de su economía y al bienestar de su población.
Según Escudé, si Argentina no confrontaba estérilmente con Estados Unidos, cuando demandase sus buenos oficios, por ejemplo, en el tema de la deuda externa, encontraría comprensión y auxilio. Sin embargo, cuando Argentina experimentó una grave crisis económica y social en 2001-2002, el gobierno del presidente George W. Bush hijo (2001-2009) le soltó la mano en su caída. Entonces, el primer mandatario estadounidense manifestó que “los ahorros de los plomeros y de los carpinteros de su país”, que nutrían los fondos que se habían invertido en Argentina, debían ser saldados.
La Argentina había cumplido su parte, en el supuesto compromiso imaginado por Escudé, pero cuando fue a solicitar ayuda le fue denegada. Podría considerarse que Argentina era un “país fallido”, que había aplicado una “teoría fallida”.
El presidente Menem no descartó la eventual suscripción de un Tratado de Libre Comercio con los EUA o la del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y suscribió y aprobó más de 50 Tratados Bilaterales de Inversiones.
El gobierno de La Rúa (1999-2001) continuó, a grandes rasgos, el sendero económico instaurado por el menemismo, aunque morigeró aspectos del “realismo periférico”, sustituyendo “las relaciones carnales” con los EUA por las “relaciones maduras”.
En este decenio se produjo la entrada de capitales especulativos (“capitales golondrina”) que engendraron un fuerte endeudamiento externo para sostener la paridad cambiaria y financiar el déficit. Las exportaciones, más que se duplicaron, aumentaron de 32 mil a 76 mil millones de dólares y la apertura de la economía, aumentó del 15 % al 38% (2002), aunque en 2001 fue del 20%. Con todo, la balanza comercial del período 1990-2001 arrojó un saldo negativo: hubo seis años de superávit y seis de déficit comercial y el monto de las importaciones superaron al de las exportaciones.
Al final de la década neoliberal de 1990, luego del colapso de la convertibilidad, esto es 2001-2002, China se había tornado un relevante socio comercial e inversor en Argentina y también en Brasil. Las exportaciones argentinas tuvieron como destino al Brasil, que se consolidaba como el primer socio comercial; también Europa; Chile y Uruguay; y los EUA (INDEC 1990–1999).
La cooperación con Brasil
En este escenario (1991), la Argentina y el Brasil crearon (1991) el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), conjuntamente con Paraguay y Uruguay, que convivía con el Acuerdo argentino-brasileño de 1986 y de 1988. Los presidentes Carlos Menem (1989-1999) y Fernando Collor de Mello (1990-1992) aspiraban a implantar una Zona de Libre Comercio (ZLC), no obstante, el Itamaraty insistió en la necesidad de articular una Unión Aduanera (UA), tesis que prevaleció (Moniz Bandeira, L. A. comunicación por Skype 7 de agosto de 2015).
Ambos países adoptaron modelos neoliberales convergentes: apertura económica, privatizaciones y estabilización monetaria (Plan Real en el Brasil de Fernando H. Cardoso, Convertibilidad en la Argentina de Menem-Cavallo). Esto permitió una mayor coordinación de las políticas macroeconómicas, en el seno del MERCOSUR, por lo menos hasta la devaluación del real en 1997.
El aspecto comercial del MERCOSUR fue el más importante, en el cual la promocionada y protegida industria automotriz implantada en ambos países y el trigo argentino desempeñaban un rol distinguido. El Protocolo de Ouro Preto (1994) consagró un cambio de paradigma: la intensificación de las transacciones comerciales desplazaba a la reorganización y a la cooperación económica sectorial del Acuerdo Argentina-Brasil de 1986.
Los gobiernos de la transición y post convertibilidad
Gobierno Duhalde (2002-2003)
Estilo de crecimiento
El presidente Adolfo Rodríguez Saá (dic. 2001) declaró la suspensión del pago de la deuda externa de la República Argentina (Biblioteca del Congreso de la Nación: 117).[26]
El gobierno Duhalde heredó una economía colapsada, con default, desempleo masivo y pobreza creciente. Abandonó la paridad fija con el dólar, lo que generó una fuerte devaluación (pesificación asimétrica). Se dictó la ley Nº 25.561 (B. O. 07-01-2002) de Emergencia Económica y de Reforma del Régimen Cambiario; se instituyó un tipo de cambio alto, un impuesto a las exportaciones agropecuarias, de hidrocarburos y de ciertos productos agroindustriales y manufacturados de origen industrial[27]; y el control a los capitales provenientes del exterior que no estuviesen destinados a la inversión productiva, los que tenían que permanecer en el país por un mínimo de 365 días y depositar un 30% del total a modo de encaje. De esta manera, el gobierno de “la transición transformadora” (2002-2005) procuraba evitar la sobre apreciación del tipo de cambio[28], que había deteriorado la competitividad de las exportaciones de la economía argentina, como había acontecido durante el régimen de la Convertibilidad. Así se favoreció a las exportaciones y a la sustitución de las importaciones. Se implementó una política fiscal expansiva orientada a recomponer la demanda agregada y a contener el conflicto social, aunque con un fuerte deterioro salarial e inflación inicial.
Se conformó una amplia alianza social y política productivo exportadora, que incluyó al ex presidente radical Alfonsín, a sectores de la Unión Industrial Argentina (UIA) y de la producción rural, que se beneficiaron con el tipo de cambio alto y también con los bajos salarios iniciales; a los sindicatos tradicionales (CGT), a los sectores del peronismo territorial (gobernadores e intendentes); a los movimientos piqueteros moderados, integrados parcialmente al aparato estatal; así como también a la Iglesia Católica. Pero dicha coalición gubernamental fue rechazada por los sectores económicos perjudicados por la pesificación.
Inserción externa
La gestión externa del presidente Duhalde sustituyó a las “relaciones carnales” menemistas y a las “relaciones intensas” delarruístas; por las “relaciones realistas”.[29] El modelo exportador con un tipo de cambio alto posibilitó el logro del superávit comercial y fiscal como anclas de la estabilidad y también el inicio de la reestructuración parcial de la deuda pública.
La instalación del gobierno de “la transición transformadora” significó un cambio en el estilo de crecimiento e inserción externa respecto del modelo neoliberal de la década de 1990. El nuevo enfoque se caracterizó por una mayor intervención estatal, el fomento del mercado interno, la reindustrialización selectiva y una inserción externa más pragmática, centrada en el superávit comercial y en el desendeudamiento. En este sentido, aplicó las enseñanzas del economista institucionalista estadounidense Simon Patten (1852-1922)[30], con el propósito de proveer competitividad a las exportaciones argentinas, abaratando el costo de los servicios de luz, de gas, de agua, de los peajes y de las tasas de interés.
Gobiernos Kirchner (2003-2015)
Estilo de crecimiento
Los diversos gobiernos argentinos que surgieron, como resultado de la crisis del 2001, fueron efímeros, y enfrentaron graves problemas. Entre otros, el pago a los acreedores externos; la devolución de los depósitos en dólares de los ahorristas en el sistema financiero argentino; la necesidad de acumular reservas en el Banco Central; la recaudación de tributos; la circulación de catorce cuasi monedas en diversas jurisdicciones del territorio argentino; etc.
Estas contrariedades fueron abordadas con éxito relativo en poco tiempo y en medio del descontento de un numeroso sector de la población argentina.
Cuando asume la presidencia Néstor Kirchner (25-05-2003), se encontró con un ambiente político y social menos tenso, circunstancia que le permitió continuar la alianza productiva y exportadora, heredada de la dupla Duhalde-Alfonsín. La economía del país registró un crecimiento a “tasas chinas” durante 5 años y una exitosa renegociación de la deuda externa, conducida por Néstor Kirchner y por Roberto Lavagna. El Estado nacional obtuvo una quita importante en el monto adeudado y también canceló anticipadamente su deuda con el FMI, efectuando un pagó único de U$S 9.810 millones de dólares (03-01-2006). Paralelamente tenía superávit gemelo, fiscal y en su comercio externo.[31]
La alianza político-social kirchnerista incluyó a los sindicatos peronistas (CGT oficialista), aunque con mayor autonomía que en el menemismo; a los movimientos sociales reconfigurados (desocupados, fábricas recuperadas, derechos humanos); a los sectores de la industria nacional, especialmente PyMEs y a sectores protegidos; a los sectores medios progresistas e intelectuales vinculados al peronismo de izquierda.
El gobierno Néstor Kirchner, ministerio de Lavagna, procuró perfeccionar la neutralización de la enfermedad holandesa, señalada por Bresser-Pereira, a través de la conformación de un Fondo Soberano anticíclico, iniciativa que fue abandonada luego del alejamiento del ministro de Economía (Sosa-Dirié 2018: 421). La tendencia a la sobre apreciación del tipo de cambio en los países como Argentina es causada por la enfermedad holandesa y por las entradas excesivas de capitales que son asociados a la política del ancla cambiaria para controlar a la inflación. Según Luiz Carlos Bresser-Pereira (2014: 237), existe una creencia difundida de que los “países en desarrollo” deben crecer con el ahorro externo, o sea, con déficits en cuenta corriente, financiados por los empréstitos o por las inversiones directas. En este sentido, como ya señalamos, el gobierno argentino desoyó tales consejos neoliberales e instrumentó una política de control de los capitales de corto plazo.
Argentina, durante el gobierno Néstor Kirchner, aludió a la necesidad de fortalecer a la “burguesía nacional”, aunque fue en la etapa de Cristina Kirchner en que se crearon instrumentos gubernamentales (nacionalización de los fondos previsionales y renacionalización de la petrolera YPF) para contribuir a la gestación del “sujeto histórico”.
¿Qué entendieron los Kirchner por “burguesía nacional”?
Creemos que se referían al sector manufacturero industrial y en menor medida al capital agrario o agroindustrial nativo. Sin embargo, esta mirada no contribuye a explicar la actitud gubernamental, cuando deflagró el conflicto con el campo, menos aún la de los sectores que confrontaban más abiertamente, identificando a la “rebelión agraria” con la “oligarquía de 1945”. Los productores rurales habían modernizado su actividad, incorporando mejoras tecnológicas y organizativas que multiplicaron los rendimientos económicos. Asimismo, se crearon los pools de siembra que también utilizaban el ahorro de las poblaciones de las zonas productoras y colindantes. Es decir que se había gestado, a escala local, una modalidad alternativa en moneda nacional, a la tenencia de dólares, para la preservación de los ahorros, invirtiendo y/ o reinvirtiendo (y obviamente lucrando), por medio de un instrumento aplicado en una actividad productiva (Dirié-Sosa 2011).
Por otra parte, el gobierno Cristina Kirchner fantaseó con una alianza con la “burguesía paulista”, nucleada en torno de la Federación de Industriales del Estado de Sao Paulo (FIESP), en un momento histórico en el que la producción manufacturera brasileña exhibía rasgos acentuados de declinación y de extranjerización.[32] Cabe agregar que, la “burguesía de Estado”, según la conceptualización de Fernando Henrique Cardoso, compuesta por la burocracia civil y fundamentalmente militar del Brasil estaba en retirada, por las características del sistema mundial vigente, luego de la caída del Muro de Berlín, por el fin de la bipolaridad y por el avance del “proceso de sojización” en la región del “Cerrado”.[33] Con todo, los gobiernos de Argentina y Brasil no pudieron o no quisieron negociar conjuntamente con las firmas transnacionales ya radicadas, o interesadas en radicarse, para que inviertan capitales y tecnología en condiciones más favorables a los intereses de cada uno de los países involucrados y según la conveniencia de sus respectivas poblaciones.
La alianza social y política que sostuvo al gobierno Cristina Kirchner sufrió desgajamientos, si la cotejamos con la que respaldó a Néstor Kirchner, y más aún si la comparamos con la de “la transición transformadora”. Su base de apoyo incluyó al sector mayoritario de la CGT; a los movimientos sociales; a las PyMEs industriales protegidas; a la juventud militante y a los sectores vinculados a los derechos humanos y a determinadas universidades. Por otra parte, mantuvo una relación conflictiva con los sectores económicos concentrados (UIA, medios de comunicación, agroindustria exportadora).
El elevado precio internacional de la soja y la creciente demanda global (especialmente de China), hasta la crisis financiera del 2008, expandió el área sembrada e incrementó las exportaciones. La industria manufacturera automotriz, la siderurgia, los alimentos y bebidas y la maquinaria agrícola también prosperaron. Se promovieron inversiones en la generación eléctrica y se subsidiaron las tarifas. Asimismo, se impulsó la exploración petrolera y gasífera, aunque no se pudo modificar el declive del autoabastecimiento. La minería continuó usufructuando el régimen privilegiado de la normativa menemista. La construcción y la obra pública fueron otro de los motores de la reactivación de la post crisis del 2001, con inversión estatal en infraestructura, en viviendas y en caminos, lo que benefició a las constructoras nacionales, a las PyMEs y a la mano de obra poco calificada. Entre los sectores perjudicados se encuentran los capitales especulativos por los controles instaurados, por las regulaciones al ingreso de los fondos golondrina y por las tasas de interés reales negativas. Las políticas kirchneristas favorecieron a la economía real en detrimento de la financiera. A las empresas de servicios públicos privatizadas extranjeras se les congelaron las tarifas, hubo controles regulatorios y pérdida de rentabilidad. Algunas compañías iniciaron litigios contra el Estado argentino, en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), institución del BM, que lauda disputas entre los inversores y un Estado.
Néstor Kirchner puso el énfasis en la inversión y en las exportaciones, pero también en el consumo, su sucesora, Cristina Fernández de Kirchner, cuando se desató la crisis mundial de 2008, puso el énfasis en el consumo interno y en el gasto social por parte del Estado. El conflicto con el sector rural por el aumento de las retenciones a las exportaciones y la crisis financiera deflagrada en 2008 constituyeron un punto de inflexión que, de alguna manera, perjudicó a los sectores exportadores que perdieron competitividad en el mercado mundial. Se estableció un tipo de cambio bajo, una moneda apreciada que aumentaba la capacidad adquisitiva de los asalariados y de los pensionados, así como también indirectamente beneficiaba a aquellos sectores sociales con capacidad de ahorro que compraban dólares o euros baratos para hacer turismo en el exterior o para atesorarlos, dada la crónica debilidad de la moneda argentina.
La restricción externa, problema estructural de su economía, golpeó nuevamente a la Argentina, que sigue dependiendo de los dólares abastecidos por el sector agroalimentario. La demanda de dólares excede a su oferta y entonces Cristina F. de Kirchner decretó el control cambiario. Así coexistían el dólar oficial con oferta restringida y el dólar que cotizaba en el mercado paralelo más caro.
El PIB de 2015 era de 459 mil millones a dólares constantes de 2010, un 76% superior al PIB de 2002 y más que el doble que el de 1990. Las exportaciones de bienes FOB de 2003 eran de 80 mil millones y en 2015 eran de 84 mil millones, más que el doble que las de 1990.
La economía del país siguió extranjerizada, y su elite nativa, por nacimiento o adopción, se internacionalizó (Rocca siderurgia; Pagani y Pérez Companc alimentos; Bagó y Roemmers laboratorios farmacéuticos; Bulgheroni petróleo; y Eurnekián servicios aeroportuarios). La empresa más importante era YPF, controlada por Estado central y por las provincias hidrocarburíferas argentinas.
Inserción externa
El gobierno Néstor Kirchner, como otros de América del Sur, aprovechó el relativo descuido de Estados Unidos respecto de América Latina. Negoció con el gobierno de China y le concedió el status de “economía de mercado”. La política externa de la Argentina abandonó las oscilaciones de la década de 1990 entre el ALCA, propuesto por EUA, y el MERCOSUR, optando por éste.
Los Kirchner, aprovecharon el boom de la cotización de las materias primas (soja) y practicaron una distribución de dichos resultados económicos, aunque sin modificar el estilo de crecimiento, que continuó su proceso de primarización y de inserción subordinada en el mercado mundial.
La elite política gobernante tomó registro de la metamorfosis del sistema interestatal, por ejemplo, del rol de China y a posteriori del BRICS, promovió el surgimiento del MERCOSUR político, de la UNASUR y de la CELAC,[34] pero no de los cambios experimentados por el sistema del mercado mundial. Se produjo una metamorfosis en las finanzas (post crisis 2008, quantitative easing, bitcoin, fintech) y en la tecnología (smartphone o computadora de bolsillo, la IA, las plataformas), sentando las bases de la economía digital actual. Estos cambios generaron crecimiento, pero también desigualdad y nuevos riesgos sistémicos. En este sentido, la política exterior de Argentina avanzó a pasos más acelerados que el de su política económica doméstica.
La presidente Cristina Kirchner firmó (2009) un swap de monedas con China, que permitió incorporar yuanes a la economía argentina, que se utilizan para pagar a las importaciones de los productos chinos sin tener que utilizar dólares, era una forma de estabilizar el nivel de reservas.[35]
Un problema fundamental en la Argentina era su endeudamiento en dólares y el superávit logrado en su comercio exterior resultaba insuficiente para atender simultáneamente a sus obligaciones comerciales y financieras externas y a las presupuestarias internas. La presidenta argentina reabrió la negociación de la deuda, incorporando a casi el 93% de los acreedores. Según la ley de quiebras de la Argentina, si el deudor acuerda con más del 50% de los acreedores, que representan el 66% capital, el concordato se torna válido, legítimo. Respecto a su deuda externa, la Argentina logró un altísimo porcentaje de adhesión a su propuesta. Con todo, dado que no hay una ley internacional de quiebras o de insolvencia de un país soberano, un porcentaje mínimo de acreedores puede eludir un concordato logrado con el 93% de ellos. Así aconteció con el bajísimo porcentaje representado por los fondos buitres, con respaldo del poder judicial de los Estados Unidos.
Los saldos exportables del ciclo kirchnerista fueron superavitarios, excepto en el 2015, último año de la gestión de la presidenta Cristina Fernández. El superávit comercial se mantuvo casi uniforme, hasta el 2012, en una cifra relativamente importante para los antecedentes de Argentina, declinó abruptamente en 2013 y 2014 y se tornó deficitario al año siguiente. El saldo de la balanza comercial del período fue superavitario.[36] Los principales mercados nacionales de destino (2015) de las ventas externas fueron Brasil, China y los EUA, aunque también destacaron Chile, Vietnam e India.[37]
En la etapa 2002–2015, el crecimiento de las exportaciones de manufactura de origen agrario (MOA) y de manufactura de origen industrial (MOI) fue de 9,2% y 7,1% (promedios anuales), respectivamente, porcentajes algo menores que los exhibidos por los productos primarios (9,3% promedio anual). A su vez, ante la ausencia de políticas industriales que impulsaran un proceso de sustitución de importaciones significativo, desde 2007, se registró un nuevo déficit comercial sectorial, el cual fue particularmente intenso en los rubros de mayor complejidad y con más potencialidades para generar encadenamientos productivos (Wainer y Belloni 2019).
Brasil, por su parte, luego de su proceso de industrialización sustitutiva (1930-1980) y del mejoramiento del desempeño de sus exportaciones manufactureras (1979-2009) reprimarizó su economía y sus exportaciones, luego de la crisis financiera mundial de 2008.[38]
La política de cooperación con Brasil
El comercio argentino-brasileño continuó creciendo, pero fue el MERCOSUR político el que destacó más. Asimismo, y a diferencia de lo acontecido durante la época de las dictaduras militares, de las décadas de 1970 y de inicios de 1980, no hubo grandes obras de infraestructura binacionales generadoras de energía como las de Itaipú[39], Salto Grande [40] o Yaciretá-Apipé [41], o que vinculasen a las economías de Argentina y de Brasil y de otros países sudamericanos, salvo excepciones como el Puente Internacional São Borja – Santo Tomé, que unió a las ciudades homónimas fronterizas de uno y de otro país [42] o la Carretera Interoceánica Sur (Brasil – Perú – Bolivia), concluida en 2011, que conectó el Atlántico con el Pacífico, permitiendo el acceso de los productos brasileños al mercado asiático, a través de los puertos peruanos.
El rol arbitral ejercido por el MERCOSUR político y también por la UNASUR, permitió gestionar y a veces solucionar conflictos suscitados en (o entre) países de América del Sur, desplazando la intervención o la mediación del departamento de Estado de la Unión Americana o de la Organización de los Estados Americanos (OEA).[43] La UNASUR propuso realizar una serie de obras de infraestructura y de comunicaciones conjuntas, que no se llegaron a concretar, con el propósito de solucionar los “gargalos” o estrangulamientos que permitirían superar los obstáculos a los intercambios de bienes y de servicios, así como a las comunicaciones entre los países suramericanos. Asimismo, la CELAC[44] desempeñó un rol arbitral en América Latina (caso Honduras 2009).
Cuando los gobiernos de Néstor Kirchner y de Lula Da Silva negociaron con los Estados Unidos el tema ALCA, lo hicieron en forma conjunta. Pero cuando negociaron con la República Popular China lo hicieron en forma separada. En lugar de coordinar sus acciones, se comportaron como competidores. En un contexto de primarización binacional (argentino-brasileño), básicamente de sojización, poco y nada se hizo para organizar articuladamente la producción de maquinaria agrícola u otros encadenamientos hirschmanianos.[45] Por ejemplo, la participación público-privada (mixta) en el acopio y en la comercialización conjunta externa de las respectivas producciones nacionales del complejo soja, que actualmente se encuentran bajo el control de conglomerados extranjeros como Cargill, COFCO y Dreyfus, entre otros.[46] A su vez, grupos económicos privados del agronegocio, asentados en Argentina y en Brasil, expandieron sus actividades en el área de la Cuenca del Plata (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia) muchas veces con criterios predominantemente rentísticos.
Por otra parte, no pudieron o no quisieron negociar con los fabricantes de bienes manufacturados de países desarrollados la implantación de unidades productivas (no de armadurías) en el mercado binacional. En la producción automotriz, poco y nada se hizo con respecto a la organización de la producción binacional, negociando coligados con las respectivas firmas transnacionales la fabricación de vehículos menos contaminantes y con un mayor contenido brasileño-argentino.
Las empresas brasileñas (incluso la PETROBRAS, controlada por el Estado) que arribaron a la Argentina, aprovechando la devaluación del peso, luego de la crisis del 2001-2002, se comportaron como agentes económicos lucrativos, ignorando todo propósito cooperativo o de integración con su asociado y vecino.
Una vez desencadenada la “gran crisis financiera” (2008), tanto el gobierno de Argentina como el de Brasil aplicaron el piloto automático para sobrellevarla, pero sin recuperar la iniciativa política que había caracterizado a sus respectivos gobiernos en los años inmediatos anteriores.
El Brasil de Dilma acentuó el proceso de desindustrialización de su país, al apreciar el real y desestimular a las exportaciones. Sin embargo, las políticas sociales continuaron vigentes y en ciertos casos se profundizaron, tanto en Argentina como en Brasil.
El Banco Nacional do Desenvolvimento Economico e Social (BNDES) solo financiaba aquellos proyectos y/ u obras en los que estaba involucrado el empresariado de su país, tanto en Brasil como en sus países limítrofes.
Por su parte, el Banco del Sur no funcionó porque tanto Argentina como Brasil no efectuaron los aportes de capital a los que se comprometieron.
Gobierno Macri (2015-2019)
Estilo de crecimiento
La alianza macrista (coligó a sectores financieros, agroexportadores, hidrocarburíferos, mineros, empresas prestadoras de servicios públicos, tecnológicas, etc.) señaló que, desde el nacimiento del peronismo, el país había entrado en una debacle económica y política a la que caracterizó como los “70 años de decadencia argentina” y que su gobierno venía a revertirla. Cabe indicar que el macrismo, en estas siete décadas, incluyó a los años de neoliberalismo, entre 1990-2001, e ignoró que en el lapso 1964-1974 (11 años) se asistió a la fase más prolongada de expansión ininterrumpida de la industria[47] y de la economía doméstica, donde aquélla asumió un papel decisivo y determinante como eje dinámico y propulsor del crecimiento agregado, núcleo central de la acumulación y reproducción ampliada del capital, y polo “ordenador” y articulador de las relaciones económicas y sociopolíticas (Azpiazu-Schorr 2008: 41).
El gobierno Macri endeudó al país nuevamente, en principio, para cancelar el crédito debido a los fondos buitres. Creyó que, de esta manera, los capitales arribarían al país en forma de inversiones, reactivando a la economía doméstica. Sin embargo, el capital que arribó se orientó hacia las inversiones especulativas de corto plazo, a favorecer la fuga de capitales o a financiar el déficit presupuestario.
El sector acreedor privilegiado, nuevo y poderoso actor demandante de recursos, se llevaba una parte importante de los ingresos del presupuesto, junto con la seguridad social y otros.
El presidente Macri se propuso convertir a la Argentina en el “supermercado del mundo”. Según sus afirmaciones existía una Argentina útil o proficua conformada por el turismo receptivo de las provincias patagónicas, de las Cataratas de Misiones, de Salta y de Jujuy, de San Juan, La Rioja, de la Ciudad de Buenos Aires; así como por Mendoza y la calidad de sus vinos. También formaban parte de esta Argentina “lucrativa” las provincias cordilleranas mineras; las provincias gasíferas y petroleras de la Patagonia; la región pampeana (sur de Córdoba, sur de Santa Fe, la parte rural y costera de la provincia de Buenos Aires, el norte de La Pampa y el sur de Entre Ríos), pero el gran olvidado o condenado por el “discurso macrista” era el Conurbano bonaerense[48], la zona superflua del país (Macri 2021: 244). Sus políticas gubernamentales beneficiaron, además del sector financiero, con las altas tasas de interés, al energético, al minero y al agrícola, con sus precios dolarizados. Su gabinete estaba integrado por CEOs de firmas de capital nativo y foráneo, así como por banqueros y consultores financieros.[49]
La Pampa Húmeda fue una de las zonas geográficas más beneficiadas. El complejo soja se consolidó como el principal exportador y con un crecimiento de las ventas de trigo y de carne vacuna hacia mercados como China. Aumentaron las exportaciones de litio (Salta, Jujuy) y la de minerales metalíferos (oro, cobre) y la formación geológica de esquisto de Vaca Muerta (Neuquén) recibió inversiones para la producción de hidrocarburos no convencionales (Macri 2021: 69).
Liberalizó los precios de los productos de la canasta básica, puesto que alguno de los principales productos exportables del país, como los agro-alimentos, forman parte de la mesa de los argentinos. Además, aumentó los precios de los servicios de luz, de gas y de agua, actualizándolos con tarifas que pretendían acercarse a las internacionales, mientras que los salarios en general eran los propios de un país de la periferia del mundo.
Cuando concluye el mandato de la Alianza Juntos por el Cambio (2019) el PIB era inferior al de 2015. La apertura de la economía había aumentado unos 10 puntos.[50]
Los más ricos de la Argentina eran (2019) la familia Rocca (siderurgia); la familia Bulgheroni (hidrocarburos); Pérez Companc y Pagani agro alimentos; Roemmers y Sigman laboratorios farmacéuticos; Marcos Galperín fundador y CEO de Mercado Libre y de Mercado Pago, etc.
Inserción externa
El gobierno Macri agravó la restricción externa, porque derogó la norma que ordenaba liquidar divisas ante el Banco Central dentro de un plazo breve y perentorio y ante el empeoramiento de la situación económica, los exportadores dejaron de hacerlo.[51] Asimismo, permitió a las empresas endeudarse en dólares sin la obligación de ingresar, ni de liquidar las divisas en el mercado oficial de cambios (Comunicación “A” 5850 del 17-12-2015 del BCRA). En muchos casos, esas divisas nunca entraron al país. Luego, esas mismas empresas acudieron al BCRA para comprar dólares oficiales al momento de reembolsar sus deudas.
Las altas tasas de interés abonadas por los títulos y por las letras emitidos por el Banco Central, eran contratadas por los bancos locales y extranjeros que operaban en el país. Cuando se agravó la situación económica el Banco Central, con el propósito de desestimular estas actividades especulativas, disminuyó la tasa de interés y entonces los bancos vendieron sus títulos y compraron dólares. En este contexto, el gobierno Macri acudió al FMI que acordó otorgarle 57 mil millones U$S, aunque solo llegó a suministrarle casi 45 mil millones de dólares.
Los principales adquirentes de las exportaciones argentinas (2019) fueron Brasil, China, los EUA, Chile, Vietnam e India.[52] La balanza comercial fue superavitaria en los años 2016 y 2019 y deficitaria en 2017 y en 2018. El saldo comercial externo del macrismo fue positivo en el cuatrienio. Intentó acercarse más a los EUA y a distanciarse de China.
El gobierno Macri relativizó el rol de los organismos de cooperación sur o latinoamericanos y se acercó al G7[53], particularmente a los EUA de Donald Trump y a la UE, con la que el MERCOSUR firmó un Acuerdo de Libre Comercio (junio 2019), que aún no está vigente por la oposición de algunos países europeos.
La cooperación con Brasil
La política externa implementada por los distintos gobiernos argentinos, desde el restablecimiento de la democracia (1983), en el espacio latinoamericano y especialmente en el sudamericano, con distintos grados de intensidad y compromiso, fue abandonada, sin suscitar suficiente resistencia ciudadana, por el gobierno Mauricio Macri (2015-2019) y no pudo restaurarse durante la gestión Alberto Fernández (2019-2023).
Los cambios que se produjeron en el sentido y en la orientación de la política externa de la República Argentina, respecto de sus vecinos sudamericanos en general y del Brasil en particular, nos inducen a procurar una explicación a la misma.
Algunas de las argumentaciones hacen hincapié en distintos motivos o causas. Una de las razones invocadas es de índole geopolítica: EUA había reanudado su interés por la región latinoamericana, y especialmente por América del Sur, luego de un interregno de negligencia respecto de la misma, ocasionada por su intervención militar en Afganistán (2001) y en Irak (2003). Otro fundamento es de tipo financiero: el estallido de la burbuja inmobiliaria provocó la crisis del 2008, que se extendió prácticamente a escala mundial. En Argentina y en Brasil, contribuyó al declive del boom de las exportaciones de los commodities agropecuarios. Una tercera causa sería de naturaleza institucional: el MERCOSUR, según la opinión de ciertos analistas, habría sorteado la crisis porque estaba dotado de un andamiaje que garantizó su supervivencia. La UNASUR y la CELAC dependían del personalismo de los jefes de gobierno o de Estado que le daban una impronta, que se extinguió, cuando otras alianzas políticas y sociales reemplazaron a las anteriores (Lula Da Silva, los Kirchner, Chávez, etc.). Sin embargo, las instituciones a veces son fetichizadas, omitiendo que su desempeño también depende de la voluntad política de sus decisores y de las creencias, valores e intereses de los representantes de la alianza social que ejercen funciones en las mismas.
Alberto Fernández (2019-2023)
Estilo de crecimiento
La alianza social y política que respaldó inicialmente a su gobierno incluyó a la CGT; a empresarios PyME; a los movimientos sociales organizados (como la Unión de Trabajadores de la Economía Popular-UTEP); a la clase media baja afectada por el macrismo; a sectores del peronismo clásico (gobernadores) y del kirchnerismo duro (CFK).
Su antecesor, el gobierno Macri, dejó un coctel explosivo, cuyos principales insumos fueron sus decisiones relativas al no ingreso y liquidación de las divisas por parte de los exportadores; al endeudamiento en dólares por parte de particulares, de empresas privadas y de gobiernos locales que no tenían que liquidarlos ante el BCRA; y al empréstito contraído con el FMI.
La “bomba” que dejó el macrismo como herencia, le estalló a una coalición gubernamental fragmentada y sin coincidencias profundas sobre ciertos temas importantes. Pese a que el gobierno Alberto Fernández pudo acumular reservas genuinas, en el BCRA, se encontró con varios escollos. Entre otros, el pasivo financiero macrista; la pandemia y la consecuente ruptura de las cadenas de valor; la invasión rusa a Ucrania; la sequía (2020-2022) y la tensión política e ideológica permanente con el Brasil de Bolsonaro.
El gobierno renegoció la deuda con el FMI, de aproximadamente 45.000 millones de dólares, contraída durante la administración anterior, buscando evitar un default y establecer condiciones más sostenibles para la economía del país. El acuerdo no trajo nuevos fondos netos al país. Sirvió para refinanciar vencimientos anteriores. Se implementaron programas como “Precios Cuidados” y se establecieron controles de precios para productos esenciales. A pesar de estos esfuerzos, en 2023, la inflación anual fue del 211,4%. Asimismo, se incrementaron las retenciones al sector agroexportador, con la intención de aumentar la recaudación fiscal y de controlar la devaluación del peso argentino.
El Decreto de Necesidad y Urgencia 609/2019 (B.O. 01-09-2019) y la Comunicación “A” 6770 del BCRA (01-09-2019) del gobierno Macri, condicionaron el acceso al mercado de cambios oficial ante la fuga de divisas. Durante el gobierno Alberto Fernández, muchas empresas privadas y particulares que tenían deuda externa en dólares continuaron necesitando divisas para afrontar los pagos de intereses y capital. Sin embargo, ya no podían acceder libremente al mercado cambiario oficial, como ocurría durante la etapa de liberalización de Mauricio Macri. El contexto había cambiado y se impusieron regulaciones cambiarias. Las empresas podían solicitar dólares al BCRA para pagar sus vencimientos externos, pero debían demostrar el vencimiento real de la obligación externa registrada. En muchos casos, se les exigía refinanciar una parte de la deuda, si superaba cierto umbral. Si no accedían a refinanciarla, debían usar sus propios dólares, por ejemplo, provenientes de cuentas en el exterior o de ingresos por exportaciones. Muchas empresas no pudieron acceder a los dólares oficiales y se vieron obligadas a refinanciar su deuda con sus acreedores externos; a usar dólares propios en el exterior; o a recurrir al mercado financiero (contado con liquidación o al dólar MEP), donde el tipo de cambio era más alto. Además, se restringió el acceso al mercado de cambios para pagar deudas entre las filiales de un mismo grupo económico.[54] Pese a estas medidas, se produjo una caída de las reservas debido a factores externos (sequía y falta de financiamiento); a factores internos (fuga de capitales, emisión monetaria y controles cambiarios); y a factores políticos (fragmentación de la alianza gubernamental y negociación desgastante con el FMI).
En otro orden cosas, se construyó el Gasoducto Presidente Néstor Kirchner (actualmente denominado Gasoducto Perito Francisco Pascasio Moreno). El 1er. tramo de la obra, que conecta Tratayén-Neuquén, con Salliqueló-Buenos Aires, fue financiado con parte del Aporte Solidario y Extraordinario (conocido como el “impuesto a las grandes fortunas”), que se instituyó para ayudar a morigerar los efectos de la pandemia, creado por la Ley 27.605, aprobada a fines de 2020 y también con el aporte del Tesoro Nacional. La segunda etapa del Gasoducto, que contempla su ampliación, desde Salliqueló (Buenos Aires) hasta San Jerónimo (Santa Fe) y sus conexiones complementarias, contó con financiamiento externo de la CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe).
Una de las zonas más beneficiadas por las inversiones y las exportaciones, en esta fase gubernamental, fue la Pampa Húmeda. A pesar de la crisis económica, la soja y el maíz mantuvieron su liderazgo en las exportaciones. La Patagonia continuó siendo central para la producción de gas y petróleo (Vaca Muerta). También el NOA y el NEA: la producción de litio en Salta y Jujuy sigue siendo un sector clave.[55]
El gobierno promovió un modelo agroindustrial con incentivos a la producción de commodities. La inversión en litio creció debido a la demanda mundial. Con todo, la inestabilidad cambiaria generó restricciones, pero las exportaciones del campo contribuyeron a compensar ligeramente la complicada situación.
Inserción externa
El gobierno Fernández procuró vanamente retomar la agenda latinoamericanista adoptada por Argentina desde el retorno de la democracia (1983).
Los principales mercados de destino de las exportaciones argentinas fueron: Brasil, China, EUA; India; y Chile. La balanza comercial correspondiente a este período gubernamental fue superavitaria.[56]
El gobierno expresó sus salvedades sobre la implementación del Acuerdo MERCOSUR-UE, firmado por el presidente Macri, preocupándose por su impacto en la industria nacional.
El agrupamiento BRICS acordó, en agosto de 2023, la adhesión de Argentina, de Arabia Saudita, Egipto, Etiopía, Emiratos Árabes Unidos e Irán, desde el 1 de enero de 2024. Sin embargo, el presidente Javier Milei, a fines de diciembre de 2023, a pocos días de su asunción, comunicó oficialmente a los miembros del BRICS que no se uniría al bloque.[57]
Cooperación con Brasil
Las relaciones con el principal socio comercial fueron tensas durante el mandato Bolsonaro (01-01-2019 hasta 01-01-2023). El MERCOSUR agravó su anquilosamiento, dado que el presidente argentino tuvo que lidiar con presidentes de otro signo ideológico en Brasil, Paraguay y Uruguay. Con la asunción del presidente Lula Da Silva, las relaciones bilaterales exhibieron una mejora, aunque no fue mucho lo que se logró, por la limitación temporal de la convivencia entre los dos gobiernos más afines.
- Las secuelas negativas de las cuatro décadas de democracia
La economía argentina experimentó en las cuatro décadas de democracia un constante aumento de su deuda externa, así como otras fuentes de drenaje como el balance negativo de divisas de algunos de sus complejos exportadores. Otro problema grave fue el incesante aumento de la pobreza de su población.
El agravamiento del problema de la deuda externa argentina
Pese al avance positivo que se produjo respecto de la relación argentina con los países limítrofes y del mejoramiento institucional, respecto de las dictaduras militares precedentes, debe contabilizarse también, entre otras consecuencias o resultados negativos del estilo de crecimiento e inserción, el aumento de la deuda externa[58] y el empobrecimiento de un segmento relevante de la población argentina.
El problema del endeudamiento externo es que su servicio resta recursos al país y a sus actividades productivas y empeora las condiciones de vida y de trabajo de la mayoría de sus habitantes, porque los fondos ingresados por la deuda no se aplican a la inversión y al crecimiento, sino a la especulación y a la fuga de capitales. Los detonantes de la crisis de la deuda son la escasez de divisas y la insuficiencia de recursos fiscales para servirla, es decir la insolvencia externa y la iliquidez fiscal (Brenta 2022: 125).
El gobierno Alfonsín recibió como herencia de la dictadura militar una deuda externa de US$ 45.100 millones de dólares estadounidenses (Brenta 2022: 78-79), especialmente con bancos privados internacionales, que, a la finalización de su gestión, ya sumaba US$ 63.314 millones de dólares (Brenta 2022: 127). Hubo un cambio en la composición de la deuda, con creciente peso de la contraída con los organismos multilaterales (BID, FMI, BM). El aumento excesivo de las tasas de interés y la hiperinflación agravaron aún más el endeudamiento (Brenta 2022: 118-119).
En la gestión presidencial Menem, pese al programa de privatización de gran parte del patrimonio estatal, la convertibilidad, el acceso al crédito externo y la emisión masiva de bonos favorecieron el endeudamiento (Brenta 2022: 126-141).
Al final del gobierno de La Rúa (2001) la deuda externa alcanzó un monto de US$ 144. 453 millones de dólares (Brenta 2022: 153). Las tentativas del blindaje financiero y el mega canje aumentaron el stock de la deuda y la carga de los intereses. Todo culminó en el default de diciembre del 2001 (Brenta 2022: 142-150).
Cuando concluye su mandato Cristina Fernández (2015) la deuda externa era de US$ 170.414 millones de dólares (Brenta 2022: 158). En ese entonces se produce una conspicua baja en el cociente deuda externa/PIB, debido a las reestructuraciones del 2005 y del 2010, al crecimiento económico y a la pesificación de la deuda de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP). Asimismo, cabe destacar que, en el 2006, el gobierno Néstor Kirchner canceló la deuda del gobierno con el FMI y para el 2015, había aumentado la deuda intra- sector público (BCRA, ANSES).
El gobierno Macri emitió deuda que fue colocada en el mercado internacional, tras haber acordado un arreglo con los fondos buitres (2016) y finalizó su mandato (2019) con una deuda externa de US$ 277.648 millones de dólares estadounidenses (Brenta 2022: 187). En el 2018 suscribió el mayor préstamo de la historia del FMI (US$ 44.000 millones) que provocó un drástico crecimiento del endeudamiento externo argentino (Brenta 2022: 183-184).
El gobierno Alberto Fernández refinanció la deuda con los acreedores privados (agosto 2020), logró un nuevo acuerdo con el FMI (marzo 2022) y también con el Club de París (octubre 2022). Aunque se postergaron los pagos y se redujeron las tasas, el riesgo financiero asociado a la jurisdicción externa y a los compromisos en moneda dura o ajustables no disminuyó, y el volumen de la deuda bajo ley extranjera aumentó respecto de la heredada del gobierno Macri.[59]
La restricción externa es un problema que ha caracterizado a gran parte de la historia económica argentina. En estos últimos 20 años, la misma no se caracteriza por la “coexistencia conflictiva” de un sector superavitario con otro deficitario, que genera empleo, como aconteció en la etapa ISI. Por otra parte, hay diferentes sectores con diferentes saldos superavitarios, con un número reducido de actores con poder estructural, derivado del control que ejercen sobre las divisas, cuyo carácter transnacionalizado y financiarizado hace que se multipliquen los renglones de salida al exterior como la fuga de capitales, el pago de intereses de la deuda, la remisión de utilidades, etc. (Cantamutto, Schorr, Wainer 2024: 183).
Actualmente padecemos una restricción externa renovada y recargada, uno de cuyos resultados es la incapacidad que exterioriza la sociedad argentina para retener o para recuperar buena parte del valor generado en el proceso económico dentro de su espacio nacional.
El instructivo del FMI para analizar la viabilidad o capacidad de pago de la deuda pública externa incluye a tres indicadores descriptivos: la relación de la deuda con el PIB; la relación de la deuda con las exportaciones; y la relación de la deuda con los ingresos del sector público. Pero como la mayor parte del producto bruto y la casi totalidad de los ingresos públicos son en moneda nacional, mientras que la deuda externa es en moneda extranjera, compararlos es insuficiente para poder anticipar la capacidad o incapacidad de pago. Por ejemplo, en 2001, el PIB de Argentina era de US$ 269.000 millones de pesos o dólares estadounidenses y la deuda externa total ascendía a US$ 149.000 millones de dólares (la pública era de 88.000 millones de dólares). En ese entonces, la deuda representaba un 55% del PIB, pero la devaluación de 2002 triplicó el tipo de cambio, así fue que el PIB valuado en dólares cayó a solo 104 millones y Argentina pasó a adeudar un producto bruto y medio, ratio altísimo y muy difícil de pagar. Con los ingresos públicos aconteció lo mismo, su valor en dólares cayó a la tercera parte y los intereses de la deuda en moneda extranjera se hubieran llevado la mitad del presupuesto público (Brenta 2022: 31-34).
El otro indicador es el de las exportaciones de bienes y servicios del país para medir la capacidad de pago (deuda externa de un año dividida por las exportaciones de ese año), porque representan una fuente genuina de divisas, ya que no dependen de los mercados financieros ni generan obligaciones futuras de pagos en divisas. Sin embargo, sería más realista y efectivo que se utilice un indicador que relacione el saldo comercial (exportaciones menos importaciones) con la deuda externa.[60]
Los pagos correspondientes a la deuda externa, no sólo crecen más que el superávit de la balanza comercial, sino que cada vez provocan más endeudamiento. Asimismo, la deuda externa argentina creció, en dólares constantes de 2015, más que su PIB, también calculado en dólares constantes de 2015. [61]
Más importante que analizar el estado o situación de la balanza comercial, en las últimas dos décadas, es examinar su cuenta corriente, para comprobar también cuál es el balance de sus transacciones financieras.
El saldo de la cuenta corriente, o diferencia entre los dólares que produce y los que consume un país, como porcentaje del PIB fue deficitario entre 1991-2001 y superavitario entre 2002 y 2010, con un pico del 7,9 % del PIB en el año 2002, cuando Adolfo Rodríguez Saá decretó la moratoria de la deuda gubernamental externa. A partir de 2011 y hasta 2023 registró un saldo deficitario, excepto en el bienio 2020-2021 (0,7% y 1,4%, respectivamente).[62]
Por otra parte, los litigios de la República Argentina con sus acreedores, son resueltos en extraña jurisdicción, a la que se arroga legitimidad para decidir sobre una cuestión en la que está involucrado el Estado argentino. Además, los denominados fondos buitres compran bonos o títulos públicos en el mercado secundario, a bajo precio, con el propósito de reclamar el valor nominal de los mismos. Como en el ámbito interestatal no existe un parangón a la ley de quiebras del derecho comercial privado, un acreedor como un fondo buitre se atribuye el derecho de reclamar el 100% de un crédito que adquirió por una suma ridícula.
El gobierno argentino somete este tipo de litigios a un distrito judicial, como el de la ciudad de Nueva York, donde rige el common law, sistema legal que atribuye a un juez o tribunal la creación del derecho por medio de su decisión, en contraste con los sistemas legales de tradición romana y francesa, como el argentino, donde la principal fuente de derecho es la Constitución del país y no la jurisprudencia. [63]
Es cierto que, en una economía mundial financiarizada, no es posible liberarse de la deuda, ya que se destinan demasiados ingresos del erario público a su pago. También es cierto prever la hipótesis de una transformación del sistema interestatal mundial, ya en ciernes, y con otra correlación de fuerzas. A este respecto, Michael Hudson propone como remedio la reestructuración de la deuda, su repudio o condonación, como se hacía en la antigüedad (Jubileo de la antigua tradición judía, Levítico 25).[64] Su premisa básica es que las deudas que no se pueden pagar no se pagarán o que se reducirán a niveles que permitan su pago. Entonces, los ingresos que se desviarían del servicio de la deuda estarían disponibles para la compra o producción de nuevos bienes y servicios.[65]
Otras fuentes de drenaje
Los complejos exportadores y el balance de divisas
Para intentar explicar algunos de los otros factores o elementos que contribuyen a ocasionar el déficit crónico de divisas que experimenta la economía argentina, examinamos sucintamente el saldo (superavitario o deficitario) que registran algunos de los principales complejos exportadores.
Las exportaciones argentinas se concentran en productos primarios, en productos con escaso valor agregado y en productos armados o ensamblados en el país.
Al respecto debe tenerse en cuenta que los productos primarios agrícolas, o con exiguo valor añadido, están sujetos a la volatilidad de las cotizaciones de los mercados de Chicago, de Nueva York, de Kansas City y de Dalian (China), mientras que los precios de los productos energéticos están subordinados a las decisiones del mercado de Texas, de Nueva York, de Londres, de Dubai y de Países Bajos. A su vez, la cotización de los minerales metalíferos depende de decisiones adoptadas en los mercados de Londres y de Shanghai.
Por otra parte, los productos primarios agrícolas exportados por los Estados Unidos y la UE están subsidiados y compiten deslealmente con sus equivalentes argentinos en el mercado internacional.
Entre los principales y tradicionales complejos exportadores, con un balance positivo de divisas, se encuentran el sojero; el cerealero; el de carne y cuero bovinos; el frutícola[66]; entre otros. En tiempos recientes se añadieron otros complejos generadores de divisas como el petrolero-petroquímico; y el minero metalífero y litio.[67]
Las áreas geoeconómicas proveedoras de divisas, generalmente con un escaso valor añadido, como es el caso de los complejos oleaginoso, cerealero, bovino están emplazadas en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y en menor medida en La Pampa. El complejo petrolero-petroquímico está ubicado fundamentalmente en algunas de las provincias patagónicas. En tanto que el complejo minero metalífero y litio tiene su principal asiento en las provincias cordilleranas. A su vez, el sector pesquero está radicado esencialmente en las provincias patagónicas. Por su parte, el complejo frutícola exportador está afincado en las provincias de Río Negro y del Neuquén (Patagonia) y en Tucumán (NOA). También hay producción importante en Salta, Jujuy y Corrientes.
Entre los principales complejos con un balance negativo de divisas se hallan el automotriz, usufructuario de un régimen de promoción y protección; el electrónico de la Tierra del Fuego; el de textil indumentaria; el farmacéutico[68]; y el de bienes de capital, excepto la maquinaria agrícola que registra un balance positivo de divisas.[69]
El sector automotriz exhibe una alta dependencia de las autopartes importadas. Aunque Argentina produce vehículos, gran parte de los insumos y de los componentes (especialmente los electrónicos, las cajas de cambio, los motores, etc.) son importados, principalmente de Brasil, pero también de Asia, EUA y Europa. Asimismo, dicha industria ostenta una débil inserción exportadora que se concentra en pocos modelos y mercados, con fuerte dependencia del mercado brasileño. Además, la escala de producción argentina no permite competir globalmente en precios y en variedad de oferta y registra un fuerte peso de las terminales extranjeras. Las decisiones de inversión, de los modelos a fabricar y de las estrategias de exportación responden a los intereses de las casas matrices en el exterior, lo que limita la capacidad de generar un superávit de divisas.
Otros factores que ayudan a explicar el crónico endeudamiento externo son las tasas de interés establecidas por la Reserva Federal y el riesgo país determinado según los criterios de las agencias de calificación comprometidas con el sector financiero acreedor. Por otra parte, el FMI, auditor de los préstamos y guardián de los intereses del universo acreedor, interviene, desconsiderando a la deuda odiosa y a la corresponsabilidad acreedor-deudor, en una gran cantidad de casos.
El empobrecimiento de la población
La evolución de la pobreza y la indigencia en la Argentina durante el período 1984-2023 estuvo marcada por grandes fluctuaciones debido a los cambios en las políticas económicas, a las crisis recurrentes y a las distintas estrategias adoptadas por los gobiernos. A continuación, se presenta un resumido panorama general de cómo estos fenómenos sociales se desarrollaron a lo largo del período.[70]
Durante la presidencia de Raúl Alfonsín (1983-1989), las políticas implementadas para estabilizar la economía fracasaron y no lograron resolver la desigualdad social ni la pobreza.
En 1984, aproximadamente el 25% de la población estaba bajo la línea de pobreza, un porcentaje que fue creciendo en los años siguientes debido a la crisis fiscal y a la hiperinflación. La indigencia también aumentó, alcanzando niveles que superaron el 15% en 1989, debido a la alta inflación y a la pérdida del poder adquisitivo de los salarios.[71]
El gobierno Carlos Menem implementó una política de convertibilidad durante los años 1990, que estabilizó la economía a corto plazo, pero que tuvo efectos negativos sobre el empleo y la distribución del ingreso.
La crisis económica de 1998-2002, derivada de la insostenibilidad de la convertibilidad y la fuga de capitales, provocó un fuerte incremento en los niveles de pobreza e indigencia.[72]
La pobreza aumentó en esa década, alcanzando casi el 30% de la población en 1996-1997, superando dicha tasa o porcentaje en 1999 y alcanzando un pico mayor al 50% en el 2002. La indigencia también creció cuando estalló la crisis del proyecto neoliberal, debido al incremento del desempleo y a la creciente desigualdad
Durante los gobiernos de Néstor Kirchner (2003-2007) y de Cristina Kirchner (2007-2015), Argentina experimentó una recuperación económica sostenida, gracias a una relativa expansión de las exportaciones y a un modelo de fortalecimiento del consumo interno. En estos años, el país experimentó una reducción de la pobreza.
El gobierno Mauricio Macri (2015-2019) implementó políticas de ajuste fiscal y de apertura comercial que provocaron un aumento de la pobreza, especialmente debido a la inflación elevada, a la caída del poder adquisitivo de los salarios y a la devaluación del peso. La pobreza aumentó durante su mandato, alcanzando aproximadamente el 36% de la población en 2019. La indigencia también se incrementó, alcanzando alrededor del 8 % de la población a fines de 2019.
La pobreza aumentó a más del 40% durante los primeros años del mandato Alberto Fernández, en gran parte debido a la crisis provocada por la pandemia y a las medidas de aislamiento, a partir de 2020, lo que profundizó los problemas sociales. Sin embargo, la recuperación económica fue progresiva, con algunas políticas de apoyo social. La indigencia también aumentó durante la pandemia, con tasas cercanas al 10% en 2021.
Los niveles de pobreza y de indigencia en Argentina fueron afectadas por varios factores como las crisis económicas, la apertura económica y las políticas sociales. La recuperación económica en los años 2000 y el aumento de la pobreza durante los años 2015-2023 reflejan las tensiones entre el ajuste fiscal y el gasto social. La pandemia de COVID-19 exacerbó la pobreza, y las políticas de emergencia social no fueron suficientes para revertir la situación.
Pese a que la tasa de pobreza muestra fluctuaciones cíclicas, a veces tiende a la suba y a veces a la baja, los umbrales o pisos de la pobreza están cambiando y son cada vez más altos. Macri dejó el piso de pobreza en un 36%, Alberto Fernández la dejó en un 41%. De esta forma, se consolida una estructura de empobrecimiento, donde cada crisis eleva el umbral de la exclusión social.[74]
- Consideraciones finales
El sistema interestatal mundial estaría experimentando un punto de inflexión, en el que un centro sistémico de acumulación (Estados Unidos), comandado por un determinado bloque estatal-empresarial, es desafiado por otro bloque de poder estatal-empresarial (China). En estos casos, según advierte Arrighi (2001), el intervalo entre la declinación del antiguo centro de acumulación y de expansión territorial y la formación y consolidación del nuevo, constituye un período de transición que necesariamente implica caos, incertidumbre y confusión. Las ciudades-Estados de Génova y Venecia fueron desplazadas de su sitial por Holanda, que se convirtió en la potencia económica del siglo XVII, luego de la guerra de los 30 años, es decir 1618-1648. A mediados del siglo XVIII, Inglaterra desalojó del “trono” a Holanda; y cuando finaliza la 2ª Guerra Mundial (1939-1945) Estados Unidos se transmuta en el hegemón, desplazando a Inglaterra. En cada uno de estos interregnos se vivieron momentos de caos o de desorden internacional.
Siguiendo la conceptualización de Arrighi, una etapa de transición y desorden sistémico, puede ser el preludio de la emergencia de uno o más hegemones, resultado del ciclo de sucesión de Estados.
En el sistema de economía de mercado mundial, en países como Argentina, en el período objeto de estudio, el problema es que se acentuó el control internacional o extranjero, sobre la producción y comercialización de las materias primas alimenticias, mineras, de hidrocarburos, de las tierras y sobre los servicios públicos. Son las empresas transnacionales, los fondos de inversión y los grupos económicos concentrados nativos los que compraron los servicios públicos monopólicos u oligopólicos, los recursos naturales y el patrimonio o capital acumulado por la sociedad durante décadas, obteniendo rentas privilegiadas por su explotación o gestión. Son los inversores extranjeros los que controlan el sistema crediticio local, según criterios neoliberales. Se instituyen tarifas altas por la prestación de servicios diversos que encarecen el valor agregado nacional y que, sumadas al elevado costo de las materias primas y de otros insumos, tornan no competitiva a su producción manufacturera. A esta carga, debe añadirse otra: la deuda externa.
En el período, las sucesivas elites argentinas han formulado y/o implementado, en forma sucesiva o simultánea, distintos estilos de “crecimiento” (aunque sus resultados, en muchos casos ha sido, en los hechos, el estancamiento y también la contracción de la economía) e inserción externa. En el 1º de ellos (Alfonsín), en un contexto de crisis financiera, se optó por apostar a una alianza doméstica productiva exportadora y por una asociación con la principal economía de su vecindad sudamericana, (Brasil), como rueda maestra, y financió su déficit presupuestario con la emisión monetaria. En el 2º (Menem) se priorizó un estilo de crecimiento neoliberal, con la adscripción de su política externa (realismo periférico) a los intereses de EUA y financiando el déficit, muchas veces gemelo, con la enajenación de gran parte del patrimonio estatal y con el endeudamiento gubernamental. El 3º (los Kirchner), lo calificamos como etapa de resistencia (Maria da Conceicao Tavares), porque sus políticas públicas no fueron alternativas al modelo neoliberal, sino de oposición a las presiones de las fuerzas globalizadoras neoliberales. Es decir, un estilo de crecimiento e inserción en el que no se formularon políticas de desarrollo industrial & tecnológico o de servicios consistentes, como aconteció durante algún periodo de la ISI, aunque se jerarquizó la relación con Brasil y se agregó a China como rueda de auxilio en el comercio y en las inversiones de infraestructura. No hubo una reorganización de la estructura económica nacional, se implementó una ISI que cuanto más producía, más insumos y bienes de capital demandaba. La política económica continuaba dependiendo fundamentalmente de las divisas del sector primario exportador y no se produjeron los cambios necesarios efectivos para mejorar la inserción externa tradicional de la Argentina.
Durante la gestión Macri, y en otro contexto mundial, se optó por un estilo de “crecimiento” que mezcló retroceso económico con endeudamiento e inflación. A su vez, el gobierno Alberto Fernández se caracterizó por implementar un estilo de gestión económica que combinó estancamiento y alta inflación.
Más allá de las características que Escudé atribuyó a la República Argentina, de las falencias de los gobiernos que implementaron políticas de resistencia al neoliberalismo y de las restricciones propias del sistema mundial, también debemos incluir en el pasivo, al cambio de rumbo que se produjo en la política externa brasileña y a su distanciamiento de las políticas sudamericanas. La coalición política, militar, policial y social que contribuyó al éxito electoral de Jair Bolsonaro, y que sostuvo a su gobierno, se mostró más interesada en un mayor acercamiento a los Estados Unidos que, a una política sudamericana de tinte contra hegemónica, como la que se había implementado durante la gestión Lula Da Silva o la de Dilma Rousseff.
Quizás sea necesario reflexionar sobre el presente y el futuro próximos.
También podría acontecer que se perfile con más nitidez un 4º estilo de crecimiento e inserción, con China como rueda maestra, que replique mutatis mutandis la vieja relación con el Reino Unido, y que también disponga de una rueda de auxilio como Brasil. China, en este caso, fungiría como el principal comprador de los exportables argentinos y como el financiador de sus obras de infraestructura.
Todos los gobiernos argentinos, desde el retorno de la democracia, más allá de sus percepciones, creencias e intereses, consideraron que el problema de la deuda se iba a solucionar aumentando las exportaciones de los commodities. Sin embargo, la evidencia empírica acredita que las exportaciones no alcanzan, por la incapacidad de retener las divisas, que se “fugan” por diversos canales.
Si revisamos el desempeño de la balanza comercial del país, entre 1984-2023 inclusive, comprobamos que registra un superávit prácticamente permanente, excepto durante la etapa neoliberal (1990-2001). Hasta cierto punto, el estrangulamiento de la economía se agrava por el crecimiento de la deuda externa, que aumenta más que el PIB a dólares constantes. En este sentido, es sensato preguntarse si es posible proseguir con el pago y la refinanciación de una deuda odiosa, a fortiori cuando el porcentaje de la población empobrecida e indigente también crece progresivamente. Máxime cuando los porcentajes de pobreza y los pisos de la misma, son cada vez mayores y ya no se manifiestan como fenómenos cíclicos, sino aparentemente estructurales.
Es hora de volver a discutir no solo las fuentes de recaudación de los tributos, es decir el gravamen a las rentas de diverso tipo (financieras, recursos naturales, monopolios u oligopolios privados), y/ o al patrimonio, para resolver el problema de la iliquidez fiscal, sino también su uso o destino. ¿Hay que continuar subsidiando y protegiendo a complejos que exhiben un balance negativo de divisas? ¿o hay que promover a sectores generadores de divisas, empleo e innovación tecnológica? Este es un debate que debe y merece darse.
También advertimos, tanto en Argentina como en Brasil, la ausencia de un “sujeto histórico” con vocación para el despliegue de encadenamientos hirschmanianos, como aconteció en países de otras latitudes. Ante esta falencia estructural, que experimenta tanto Argentina como Brasil, entendemos que el problema se resuelve con la intervención y regulación de un actor como el Estado y no con su debilitamiento. Por ejemplo, en el agronegocio son los actores transnacionales los que intermedian y condicionan a las actividades productivas, a las de acopio y comercialización en un mercado mundial mudable. Por otra parte, países como Argentina están sujetos a la volatilidad de las tasas de interés dispuestas por la Reserva Federal y a la evaluación discrecional de las agencias de calificación de riesgo, controladas por fondos de inversión que son simultáneamente sus acreedores.
Si la sociedad argentina no despierta, podría llegar a predominar un hipotético 5º estilo de crecimiento e inserción, en esta ocasión, anclado en el shale gas de Vaca Muerta (y eventualmente del Chubut) y en el litio y en otros minerales metalíferos de la zona cordillerana.
La elite argentina adoptó en el siglo XIX el estilo de crecimiento de la “estancia”, en lo que se refiere a la obtención de divisas, conducido por una burguesía terrateniente, caracterizada por una producción extensiva, de poco valor añadido, escasa inversión en tecnología e insuficiente generación de empleo. Pero se trataba de un proceso de acumulación nativo, diferenciado del modelo tipo enclave minero de Perú, o del frutícola tipo Ecuador o Guatemala, controlados por el capital extranjero. En este último modelo las actividades productivas se enfocan hacia la exportación, sin integrarse significativamente en el mercado local. El “enclave” es una “isla” económica donde la producción está orientada al exterior y no contribuye al crecimiento y al bienestar interno del país.
En el “modelo libertario” la economía de enclave comparte el podio, en un contexto financiarizado, con una “estancia aggiornada” (soja, maíz, trigo, carne vacuna), mixturada con una ISI selectiva (industrias del “conocimiento”, farmacéutica, automotriz, azucarera, todas con balances negativos de divisas).
Cabe advertir que la “estancia aggiornada” ya no conserva los atributos del proceso de acumulación nativo. Como ya se mencionó, la antigua producción de ganado vacuno y caballar fue reemplazada por la agricultura y contemporáneamente por un esquema rentístico productivo y comercializador que aúna al titular de la tierra que la arrienda; al arrendatario que aporta su experticia organizativa y tecnológica; a la contribución financiera de un fondo de inversión; y a la corporación transnacional comercializadora (y acopiadora) que vende los productos en el mercado mundial. Este combo diluye la formación y el control nacional de un sistema productivo exportador, que se constituyó en simultaneidad con el Estado nacional. La burguesía agraria y mercantil del siglo XIX organizó un sistema interno de dominación y se vinculó al mercado mundial, pero manteniendo su capacidad de acumular capital. Por cierto, sufrió los efectos del deterioro de los términos del intercambio, pero preservó alguna capacidad de maniobra.
En una economía de “enclave”, el eje geopolítico argentino se desplazaría desde la Pampa Húmeda hacia la zona cordillerana del NOA y de la Patagonia. La producción localizada en una provincia argentina, estaría destinada a la exportación y controlada por capitales extranjeros, con poca o nula integración en el mercado nacional. Los gobiernos provinciales que gestionan la explotación de los recursos naturales son apenas recolectores de unos pocos tributos, antes que administradores de una jurisdicción subestatal comprometidos con la prosperidad de sus respectivas ciudadanías. Más que una evolución, probablemente sería una regresión. Las inversiones y las exportaciones del complejo gasífero-petrolífero, las del complejo minero metalífero y litio; las del sector vacuno; las del sector frutícola del limón y eventualmente las del biodiesel nos acercan al mercado estadounidense y consecuentemente nos alejan del mercado chino y de nuestro (todavía) principal socio comercial: Brasil.
El sistema interestatal mundial exhibe un rostro cada vez más multipolar. Cabe rememorar que, cuando Argentina (y Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela) repudió el ALCA, en Mar del Plata (2005), el mundo aún era unipolar y que, en la actualidad, tanto China como los Estados Unidos nos consideran un país relevante, por varias razones, entre otras, por la dotación de recursos naturales alimentarios, energéticos y metalíferos; y también por el acceso inmediato al Estrecho de Magallanes, al Cabo de Hornos, al Pasaje de Drake y fundamentalmente a la Antártida.
En 2005 parte de Sudamérica estaba empoderada y Estados Unidos era líder indiscutido a escala mundial, pero no priorizaba a la región. Actualmente el sistema mundial es más permisivo, como diría Helio Jaguaribe, pero la región sudamericana o latinoamericana está más fragmentada y menos empoderada y Estados Unidos aspira a aplicar una especie de neo monroísmo (“el hemisferio americano es de y para los estadounidenses”).
Ciudad de Buenos Aires, julio de 2025.
Amersur
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[1] Japón tiene una superficie un tanto mayor que la de la provincia de Buenos Aires (Argentina) y probablemente carece de su dotación de recursos naturales, pero detenta un nivel de desarrollo industrial y tecnológico destacado; Corea del Sur tiene una superficie casi equivalente a la de la provincia del Chaco, productora de soja y de algodón y una de las más pobres de la Argentina; y la superficie de Taiwán es apenas superior a la de otra provincia pobre de la Argentina: Misiones.
[2] Según la terminología del Itamaraty (M. de Relaciones Exteriores del Brasil), de la década de 1990, son aquellos países que, cuando se ponen en marcha, sacuden o conmueven al sistema mundial.
[3] Puig, Juan Carlos (1975). La política exterior argentina y sus tendencias profundas, en Revista Argentina de Relaciones Internacionales, CEINAR, Buenos Aires, Año 1, Nº 1, enero-abril 1975, pp. 07-21.
[4] Profesor universitario estadounidense de origen holandés, considerado como uno de los “padres de la geopolítica” en los Estados Unidos.
[5] Pese al propósito declarado de las distintas coaliciones político-sociales que gestionaron el aparato gubernamental de procurar el crecimiento, en los hechos, durante gran parte del periodo examinado (a dólares a precios constantes de 2015), hubo estancamiento y contracción de la economía nacional. Recuperado el 28 de julio de 2025, de https://datos.bancomundial.org/indicator/NY.GDP.MKTP.KD?locations=AR
[6] Según Raymond Aron, además del sistema interestatal, regido por las relaciones de poder, fuerza y seguridad, existe un sistema económico de mercado que se basa en relaciones jurídicas, contractuales, también asimétricas. Los agentes (empresas y consumidores) compiten por la obtención de beneficios, pero mediante intercambios voluntarios.
[7] Era única potencia hegemónica a escala mundial, desde la perspectiva interestatal, luego del colapso de la URSS.
[8] Harvey, David. Breve historia del neoliberalismo. Trad. Varela Mateos, Ana. Ediciones Akal S. A. 4ª Reimpresión 2015, pp.05-06.
[9] El Banco Popular de China actúa como el banco central del país. Su política monetaria está alineada con los objetivos del PC y del Estado.
[10] Integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
[11] Integrado por EUA, Reino Unido, Canadá, Alemania, Francia, Italia, Japón y también está representada la UE.
[12] Mientras la Reserva Federal dice que la cifra del rescate alcanzó los 9 billones de dólares, un análisis de la Universidad de Kansas City, Missouri, lo estima en casi 29 billones de dólares. Los bancos recibieron ayudas y sus directivos no solo no fueron sancionados por su manejo incompetente, sino que permanecieron en sus cargos y se los recompensó con mayores ingresos. Hudson, Michael (2024). Debt Makes the World Go Around. Saturday, January 13, 2024. Recuperado el 21-04-2025, de https://michael-hudson.com/2024/01/debt-makes-the-world-go-around/
[13] Dowbor, Ladislau (2025). The power pyramid. When the needs of the few control the lives of the many, 9 march 2025. Recuperado el 21-04-2025, de https://www.meer.com/en/86292-the-power-pyramid
[14] Grupo Banco Mundial (2025). Elaboración propia en base a datos de https://datos.bancomundial.org/pais
[15] La Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication, cumple un rol fundamental en el sistema financiero global como red de mensajería que facilita las transacciones internacionales entre bancos e instituciones financieras.
[16] Entonces la onza troy cotizaba a 35 dólares, recientemente ha llegado a cotizar a más de 3.200 dólares, es decir que el valor actual del dólar es muy inferior al que representaba hace 54 años atrás.
[17] La Alianza para el Progreso constituyó el primer intento estadounidense (fallido, por cierto) de establecer con los países latinoamericanos un programa de transformación económica y social con la asistencia financiera de los Estados Unidos.
[18] El agrupamiento empresarial se constituyó cuando Bernardo Grinspun ya no ocupaba la cartera económica (1985).
[19] Simonoff, A. (2013). Dilemas históricos y presentes de nuestro relacionamiento externo, Documento de Trabajo Nº 6, en Reflexiones sobre Política Exterior, IRI, Universidad Nacional de La Plata, octubre 2013, pp. 87-94.
[20] Zurita, M. D. (2010). La política exterior de Alfonsín (1983-1989). Recuperado el 07-05-2025, de https://memoria.fahce.unlp.edu.ar/library?e=d-10000-00—off-0libros–00-2—-0-10-0—0—0direct-10—-4——-0-1l–10-es-Zz-1—100-home—00-3-1-00-00–4—-0-0-01-00-0utfZz-8-00&a=d&c=libros&cl=&d=Jpm11.6.1
[21] Zurita, M. D. (2013). Los 15 puentes diplomáticos de Alfonsín. Documento de Trabajo Nº 6, en Reflexiones sobre Política Exterior, IRI, Univ. Nacional de La Plata, octubre 2013, pp. 68-76.
[22] El sector privado, fundamentalmente el automotriz, implantado en cada uno de los países, llevó adelante un proceso que los Estados intervinientes legitimaron ex post facto.
[23] Integración Económica en América del Norte y en el Cono Sur (agosto 1990). Comercio Exterior. Volumen 40, Nº 8, México-
[24] La relación México- EUA, en el contexto del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y del subsecuente Tratado México-EUA-Canadá (TMEC), prevé una relación comercial de carácter intra industrial asimétrica, en la cual los dos países producen automóviles y productos electrónicos, pero México fabrica las partes y las piezas menos complejas y los Estados Unidos, las más sofisticadas.
[25] Concepto acuñado por el sociólogo brasileño Fernando Henrique Cardoso.
[26] Muchos analistas consideran a esta decisión como el default más importante declarado por un Estado soberano. Sin embargo, otros, como la economista británica Ann Pettifor, ex asesora de Anthony Blair, opinan que el default más relevante fue protagonizado por el gobierno Nixon, cuando decretó la inconvertibilidad del dólar repudiando de forma unilateral e inconsulta la normativa de Bretton Woods. Greenback, Greenback, Dollar Bill. Recuperado el 14-05-2025, de https://progressive.international/blueprint/6ab6a268-b1fd-43fc-8822-625a49d03b05-ann-pettifor-greenback-greenback-dollar-bill/es
[27] Decreto 310/2002, Bol. Oficial 14-02-2002. Años después (2007), el gobierno N. Kirchner estableció las retenciones a las exportaciones mineras por medio de una instrucción administrativa conjunta de la Secretarías de Minería y de Comercio Interior comunicada a la Dirección General de Aduanas.
[28] La cotización del dólar aumentaba menos que la inflación local, por lo que con la misma cantidad de dólares se podían comprar menos cosas que, por ejemplo, un año antes.
[29] Elías, Jorge (2002). Antes, maduras, carnales e intensas; ahora las llaman realistas. La Nación, 17-09-2002. Recuperado el 23-04-2025, de https://www.lanacion.com.ar/politica/antes-maduras-carnales-e-intensas-ahora-las-llaman-relaciones-realistas-nid432438/
[30] Hudson, Michael (2017). On Simon Patten, Wednesday, December 20, 2017. Recuperado el 14-05-2025, de https://michael-hudson.com/2017/12/on-simon-patten/. Hudson, Michael (2016). Innocuous Proclaimations, Saturday, December 10, 2016. Recuperado el 14-05-2025, de https://michael-hudson.com/2016/12/innocuous-proclaimations/
[31] Argentina no obtenía superávit gemelo, desde la gestión presidencial de Marcelo T. de Alvear (1922-1928).
[32] Nogueira da Costa F. (2025). Desindustrializacao ou desnacionalizacao da industria brasileira. Recuperado el 12-06-2025, de https://forum21br.com.br/economia/desindustrializacao-ou-desnacionalizacao-da-industria-brasileira/
[33] El gobierno Fernando H. Cardoso (1995-2002), implementó planes de colonización agraria en varios estados, principalmente en las regiones del norte y del centro-oeste del país. Mattei, Lauro (2008). Reforma agraria en Brasil bajo el neoliberalismo: evaluación y perspectivas. En publicación: Recuperando la tierra. El resurgimiento de movimientos rurales en África, Asia y América Latina. Sam Moyo y Paris Yeros [coord.]. Buenos Aires: CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. 2008. Recuperado el 06-05-2025, de http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/sursur/moyo/16Mattei.pdf
[34] Moniz Bandeira afirmaba que la alianza A+B sostenía al MERCOSUR y que este servía de base a la UNASUR que, a su vez, era la plataforma de sustentación de la CELAC.
[35] En 2014 se firmó un 2º Acuerdo, que fue renovado en 2017, ya con Mauricio Macri como presidente, y complementado a fines de 2018. Finalmente, A. Fernández suscribió otro convenio (2020) que llevó el intercambio a US$ 18.500 millones. Giménez, José (2024). ¿Qué es el swap de monedas con China?. Chequeado 14-06-2024. https://chequeado.com/el-explicador/que-es-el-swap-de-monedas-con-china-y-en-que-consiste-el-acuerdo-que-alcanzo-el-gobierno-para-postergar-el-pago-de-us-5-mil-millones/
[36] Elaboración propia en base a datos del INDEC. Balanza comercial argentina. Años 1910-2023. Recuperado el 11-04-2025 de https://www.indec.gob.ar/indec/web/Nivel4-Tema-3-2-40
[37] INDEC (2016). Intercambio Comercial Argentino Datos provisorios de los años 2014 y 2015, 18-02-2016, pp.10-11. Recuperado el 06-05-2025, de https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ica_02_16.pdf
[38] La exportación de productos primarios fue la regla en el Brasil, desde 1808, la excepción fue el período 1979-2009, cuando el país porcentualmente exportó más productos manufacturados, retornando luego al patrón primario-exportador y permaneciendo así hasta la actualidad. Tarifa Lopes, V. (2020). A reprimarização das exportações brasileiras em perspectiva histórica de longa duração, Rev. Carta Inter., Belo Horizonte, v. 15, n. 3, 2020, pp. 174-203
[39] Entre Brasil y Paraguay.
[40] Entre Argentina y Uruguay.
[41] Entre Argentina y Paraguay.
[42] Inaugurado en 1997 y que ha estado en funcionamiento desde entonces.
[43] Se trataba de una antigua iniciativa que Argentina y Brasil formularon, junto con Chile, a principios del siglo XX, cuando el Barón de Río Branco y el entonces presidente argentino Roque Sáenz Peña (1910-1914) esbozaron el Pacto del ABC (1915) para, entre otros aspectos, evitar la interferencia de potencias europeas y de los Estados Unidos de América en América Latina.
[44] Mecanismo intergubernamental de diálogo y de concertación política creado en 2011 con el objetivo de fomentar la integración y la cooperación entre los países de América Latina y el Caribe. Sus decisiones se adoptan por consenso, es decir por unanimidad, lo cual la puede tornar inoperante en temas controversiales.
[45] Los encadenamientos hacia atrás: se refieren a la demanda de insumos y materias primas que una nueva inversión genera en otros sectores de la economía. La construcción de una planta industrial requiere de materiales de construcción, maquinaria y servicios, lo que impulsa la producción en estos sectores. Los encadenamientos hacia adelante: se refieren a la creación de productos o de servicios que se derivan de una inversión y que pueden ser utilizados como insumos en otros sectores. Por ejemplo, la producción de acero puede estimular la fabricación de maquinaria agrícola y de otros productos.
[46] Louis Dreyfus Company y Cargill S. A. gestionan infraestructura propia en puertos privados, en terminales fluviales y en centros logísticos multimodales en Argentina y Brasil. Estas inversiones les permiten controlar la cadena exportadora, desde el acopio, en el interior agrícola, hasta el embarque en puertos del Atlántico.
[47] Sourrouille, V. et al (1980). Apuntes sobre la historia reciente de la industria argentina. Los resultados del censo industrial de 1974. Boletín Informativo Techint Nº 219, Bs. As. 1980, pp.04-27.
[48] Otrora asiento de gran parte del despliegue industrial y de la concentración obrera y sindical del país.
[49] Por ejemplo, el Ministro de Energía del gobierno Macri, Ing. Aranguren, había sido el presidente de la Shell Argentina (2003-2015).
[50] Cepalstat (2025). Bases de datos y publicaciones estadísticas. Sector Público. Recuperado el 15-04-2025, de https://statistics.cepal.org/portal/cepalstat/perfil-nacional.html?theme=2&country=arg&lang=es
[51] El presidente Íllia dictó el decreto 2581 estableciendo un único mercado de cambios (1964), la presidente Cristina F. de Kirchner estableció un plazo de 30 días para proceder a la liquidación de las divisas. A su vez, el presidente Macri extendió el plazo a 10 años (resolución de la secretaría de Comercio Exterior 42/17) para que los exportadores liquiden las divisas. Casa Rosada Presidencia (2017). Recuperado el 14-05-2025, de https://www.casarosada.gob.ar/informacion/actividad-oficial/9-noticias/38432-el-gobierno-extendio-de-cinco-a-diez-anos-el-plazo-maximo-para-que-los-exportadores-liquiden-divisas#:~:text=divisas%2C%20una%20medida%20que%20les%20permitir%C3%A1%20fortalecer,resoluci%C3%B3n%2042/2017%2C%20publicada%20en%20el%20Bolet%C3%ADn%20Oficial.
[52] INDEC (2020). Informes Técnicos/Vol. 4 Nº 13. Comercio Exterior Vol. 4 Nº1. Intercambio comercial argentino. Cifras estimadas de diciembre 2019. Recuperado el 06-05-2025, de https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ica_01_20B13D104EBD.pdf
[53] EUA, Reino Unido, Canadá, Alemania, Francia, Italia y Japón.
[54] El BCRA, gestión A. Fernández, dictó la Comunicación “A” 730 (mayo 2020), la Comunicación “A” 7106 (15-09-2020); y otras posteriores.
[55] INDEC (2024). Inf. Técnicos/ Vol. 9, Nº52. Comercio Exterior Vol. 9 Nº 5. Origen provincial de las exportaciones. Bienes. Recuperado el 06-05-2025, de https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/opex_03_252CBB2A07BB.pdf
[56] INDEC (2023). Elaboración propia en base a datos del Indec. Balanza comercial argentina. Años 1910-2023. Recuperado el 11-04-2025 de https://www.indec.gob.ar/indec/web/Nivel4-Tema-3-2-40
[57] La membresía de la Argentina al grupo, había sido aprobado por sus cinco integrantes en la Cumbre de Johannesburgo, Sudáfrica el 24-08-2023.
[58] Deuda externa es lo que la ley de cada Estado dice que es. Argentina incluye en la deuda externa pública a la emitida bajo jurisdicción o ley extranjera y pagadera fuera del país. Este concepto suma también a los acreedores residentes en Argentina que pueden reclamar en un tribunal de Manhattan por sus bonos argentinos emitidos bajo la ley federal estadounidense y sometidos a los jueces distritales de Nueva York (Brenta, N. 2022: 15).
[59] Chequeado.com. Deuda de la Argentina: cómo evolucionó en la gestión de CFK, Macri y Fernández. Recuperado el 23-07-2025, de https://chequeado.com/el-explicador/deuda-de-la-argentina-como-evoluciono-en-la-gestion-de-cfk-macri-y-fernandez/. En este tema existen opiniones encontradas. Hay otros analistas que consideran que la deuda en dólares del gobierno Fernández disminuyó respecto de la heredada del gobierno Macri. Asian, A.-Del Zorro, B. Falacias acerca de la evolución de la deuda pública ¿Cuál fue el gobierno más adicto a la deuda? Recuperado el 30-06-2025, de https://www.pagina12.com.ar/837039-cual-fue-el-gobierno-mas-adicto-a-la-deuda
[60] La Guía de la deuda externa de los organismos internacionales excluye a las importaciones en la evaluación de aquella. Se consideran a las exportaciones y no al saldo comercial del país. La apertura comercial simultánea a la financiera profundiza el déficit externo y precipita el endeudamiento y la eventual crisis. Aquí prevalecen los intereses de las empresas y bancos transnacionales y el aprovechamiento de la necesidad de los deudores (Brenta 2022: 35-36).
[61] World Bank Group. Banco de datos (2025). Recuperado el 21-04-2025, de https://data.worldbank.org/country/argentina?view=chart
[62] Cepalstat. Bases de Datos y Publicaciones Estadísticas (2025). Sector externo. Recuperado el 12-04-2025, de https://statistics.cepal.org/portal/cepalstat/perfil-nacional.html?theme=2&country=arg&lang=es
[63] El common law prioriza el derecho del accionista, presuntamente perjudicado por la ley de expropiación que declara la utilidad pública de un bien determinado, aprobada por el Congreso de la Nación Argentina (artículo 17 de la Constitución Nacional). Así el estatuto interno de la empresa Repsol-YPF es jerárquicamente superior a la Constitución del país.
[64] Hudson, Michael (2025)). Democracia y deuda: ¿se ha roto el vínculo entre ambas?. 8 enero 2025. Recuperado el 30 de julio de 2025, de https://www.cadtm.org/Democracia-y-deuda-se-ha-roto-el
[65] Hudson, Michael (2021). Removing The Debt Barrier To Economic Growth, Monday, March 15, 2021. Recuperado el 21-04-2025,de https://michael-hudson.com/2021/03/removing-the-debt-barrier-to-economic-growth/
[66] Las frutas de pepita: Río Negro y Neuquén; las frutas de carozo y uva: Mendoza y San Juan; los cítricos y derivados: Tucumán, Entre Ríos y Corrientes; y las frutas tropicales y subtropicales: Salta y Jujuy (INDEC).
[67] INDEC (2025). Informes Técnicos Vol. 9 Nº 47. Comercio Exterior. Vol. 9 Nº 4. Complejos exportadores 2024. Recuperado el 06-05-2025, de https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/complejos_03_25442CB3F0B0.pdf
[68] INDEC (2024). Industria manufacturera Vol. 8, Nº 7. Industria farmacéutica en la Argentina. Cuarto trimestre de 2023. Recuperado el 06-05-2025, de https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/farm_03_246226BC43BB.pdf
[69] INDEC (2024). Informes Técnicos/Vol. 8 Nº 14. Comercio exterior Vol. 8 Nº 1. Intercambio comercial argentino. Cifras estimadas diciembre 2023. Recuperado el 06-05-2025, de https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/ica_01_2432F21717CB.pdf
[70]Cabe señalar que, dado que la metodología para la medición de la pobreza fue modificada varias veces durante el periodo objeto de estudio, no es posible realizar comparaciones en términos estrictos de los porcentajes de pobreza e indigencia entre los distintos gobiernos.
[71] Palomino, H. (2023). Pobreza y desempleo en la Argentina. Problemática de una nueva configuración social. CESPA. Fac. de Ciencias Económicas. Universidad de Bs. As. Recuperado el 26-05-2025, de https://www.economicas.uba.ar/wp-content/uploads/2016/03/cespapaper6.pdf
[72] Ibídem.
[73] Chávez Molina, E.; Sosa, Mariana; Rodríguez de la Fuente, J. (2025). ¿Recuperación ilusoria? Pobreza y desigualdad en Argentina durante 2024. Recuperado el 10-06-2025, de https://iade.org.ar/noticias/recuperacion-ilusoria-pobreza-y-desigualdad-en-argentina-durante-2024
[74] Ibídem.

